DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 297

DERROTA MUNDIAL La propaganda que otros israelitas manejaban en el extranjero presentó el hecho como algo absolutamente injustificado y sin precedente. En realidad, el hecho no era nuevo en la.historia e incluso tenía más justificaciones legales que los movimientos antisemitas de otras épocas. ¿Por qué en fechas tan distantes, separadas por siglos; por qué en regiones tan opuestas, por qué entre pueblos tan diversos, el judío ha sufrido represiones violentas? ¿No es acaso que él mismo lleva en su sangre escrupulosamente mantenida sin mezcla, los elementos esenciales que de cuando en cuando atraen sobre sí mismo la indignada reacción de otros pueblos? ¿No es él mismo el causante de las tragedias que de tiempo en tiempo lo agobian? Manuel Serra Moret, en "Los Fundamentos de la Historia y la Filosofía", dice que el pueblo hebreo, amante de las ideas absolutas, "ni un solo, instante de su azarosa historia ha podido abandonar la propensión de ser el pueblo escogido y de encontrarse a título exclusivo en posesión de la verdad, dentro de un mundo de gente condenada a la que hay que convertir a la fe única o exterminar sin piedad". Desde Cristo hasta ahora, lo mismo que desde Abraham a Cristo, "la doctrina de la intransigencia ha sido predicada sin haber perdido nunca su rigor y aspereza primitivos característicos del pueblo de Israel". No cabe duda que el judío mismo, en su milenario anhelo de grandeza, en su intransigencia que crucificó a Jesús porque no le daba el dominio del mundo; en esa intransigencia que lo ha mantenido casi sin mezcla de sangre a pesar de su constante peregrinar y que le impide asimilarse a ningún otro pueblo, aunque resida en él durante siglos, lleva los gérmenes de las persecuciones periódicas de que es víctima. Y jamas podrá evitar definitivamente esas reacciones en contra suya mientras él mismo no se reconcilie con los "goim" (cristianos) y deje de verlos como enemigos a los que es necesario corromper, debilitar y sojuzgar por medio del Reino del Oro de los venenos ideológicos y del poder masón y político. El antisemitismo de Hitler, el antisemitismo del nacionalsocialismo alemán, no fue una causa, sino un efecto; una reacción fanática ante el fanatismo del movimiento político judío; y es evidente que el fenómeno no desaparece suprimiendo simplemente el efecto. Las causas primarias del antisemitismo anidan en la conducta misma del hebreo, y mientras él no se modifique, llevará latentes consigo los gérmenes de nuevos movimientos en contra suya. Ni el gigantesco poder que ha alcanzado lo librará de esa desgracia inherente a su empecinada manera de ser. Esas reacciones antisemitas no son nuevas ni las inventó una mono-maníaca predisposición de Hitler. 2,500 años antes de que Hitler creara el nacionalsocialismo, los judíos atraían sobre sí la ira de Nabucodonosor; 2,000 años antes de que Alemania fuera acusada de intransigencia racial, la intransigencia judía ya había crucificado a Jesucristo porque no consagraba al hebreo como dominador del mundo. 297