DERROTA MUNDIAL - EDICIÓN HOMENAJE AL AUTOR DERROTA MUNDIAL (Edición Homenaje) | Page 294

Salvador Borrego "Los intelectuales, filósofos y otros han considerado siempre que la inteligencia es el medio único para llegar a la verdad, la mayor gloria del hombre; surge un hebreo de París, Bergson, y con sus análisis sutiles y geniales abate la supremacía de la inteligencia, derroca el edificio milenario del platonismo y deduce que el pensamiento conceptual es incapaz de captar la realidad. "Las religiones son consideradas por casi todos como una admirable colaboración entre Dios y el espíritu más alto del hombre; y he aquí que un hebreo de Saint Germain de Laye, Salomón Reinach, se ingenia para demostrar que son simplemente un resto de los viejos tabúes salvajes, sistema de prohibición con superestructuras ideológicas variables... Esta propinación^ secular de venenos disolventes es la gran venganza hebraica contra el mundo griego, latino y cristiano". Hitler barrió con todos esos magos de la disolución social. Freud, Ludwi g, Remarque, Tomás Mann, Zweig y otros personajes judíos emigraron a diversos países a seguirse haciendo adorar como benefactores de la humanidad a la que estaban envenenando o desorientando. Y un coro de protestas extranjeras acompañó a esos adalides en su des- airada huida. Utilizando sus vastos recursos publicitarios y sus secretos tentáculos, la judería mundial clamó plañideramente que era víctima de persecuciones en Alemania. Nada dijo, sin embargo, de los orígenes del conflicto. Y es que "invariablemente — observa Ford— los judíos señalan como antisemitas a quienes revelan sus conspiraciones y explican ese antisemitismo mediante tres razones: prejuicios religiosos, envidia económica, aversión social. Pero ningún judío menciona, los motivos políticos de la cuestión ni discute sobre ellos, o bien lo hace en forma fragmentaria y parcial". Así por ejemplo, se abstuvieron de confesar que "la campaña contra la natalidad fue realizada (en Alemania) por tres médicos judíos: Max Hodman, la doctora Rubén Wolf y, sobre todo, la nauseabunda obra de Magnus Hirschfeld. Bajo un aparente disfraz científico, la mercancía homosexual judía abrumaba de vergüenza la infeliz existencia de la Alemania de 1918. Una oleada de fango miserable amenazaba con ahogar toda la antigua moralidad germana". 133 Cuando el nacionalsocialismo barrió con esas alimañas, simplemente impidiéndoles que siguieran adelante en su criminal tarea, se quejaron de salvajismo e intolerancia. La realidad es que todavía en abril de 1942 Hitler había respetado la vida de los judíos residentes en Alemania. En el Diario de Goebbels figura una anotación el 27 de abril de ese año que dice: "Hablé una vez más de la cuestión judía con el Führer. Su actitud no ha variado. Está decidido a expulsar a los judíos de Europa. Tiene razón. Los judíos han traído tantas desgracias a nuestro continente que el castigo más severo que pueda imaginarse será aún demasiado benigno para lo que se merecen". Entretanto, no sólo la población judía de los territorios ocupados por Hitler, sino también los judíos residentes en Alemania — millares de los cuales eran nacidos ahí y se 133 Europa a Oscuras.—Ismael Herráiz. 294