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DERROTA MUNDIAL
Y a fin de estrechar más el frente bolchevique judío, el 20 de junio de 1941 el
embajador americano en Londres se entrevistó con el Primer Ministro Inglés. "Me trajo —
dice Churchill en sus Memorias—, la seguridad del Presidente Roosevelt de que si Hitler
atacaba a Rusia él me ayudaría en cualquier gestión, dando la bienvenida a Rusia como
aliada. Mi secretario particular, Mr. Colville, me preguntó el 21 de junio que si para mí,
archianticomunista, el apoyo a Rusia no equivalía a inclinarme en la Casa de Rimón; yo
contesté: de ninguna manera; sólo persigo un fin, que es la destrucción de Hitler, y mi vida
se ha simplificado mucho de esta manera. Si Hitler invadiera el infierno, haría yo por lo
menos una referencia favorable al diablo en la Cámara de los Comunes".
En efecto, así fue. La invasión de Rusia comenzó el 22 de junio y Churchill le abrió
públicamente los brazos a la URSS, en su histórica declaración ante la Cámara de los
Comunes. En esa fecha quedó plenamente demostrado que el Imperio Británico no
combatía por ideales de libertad, puesto que se unía a la más sangrienta tiranía de la His-
toria, y precisamente a una tiranía que proclama como meta la imposición mundial de su
dictadura marxista.
Ese mismo día Roosevelt ordenó al Subsecretario de Estado, Mr. Welles, que
anunciara —sin ninguna autorización de la opinión pública ni del Congreso— que Estados
Unidos apoyaba a la URSS porque era una "democracia agredida". Al mismo tiempo
Hopkins, asesor de Roosevelt, fue el 30 de junio al Kremlin a ofrecer el incondicional
apoyo de Estados Unidos, para lo cual el pueblo norteamericano ni siquiera había sido
consultado. En el juego de los compromisos judaicos sólo se le reservó a ese pueblo un sitio
prominente en el sacrificio de trabajo y sangre. William C. Bullit, ex embajador de
Washington en Moscú, dice en “La Amenaza Mundial" que "Hopkins no pidió nada a
cambio de tal ayuda, ni hizo referencia al interés vital que tienen los Estados Unidos en que
Europa sea libre.
Una segunda y espléndida oportunidad para servir a nuestros intereses y a los de
Europa y de la paz se presentó mientras prestábamos ayuda a Rusia cuando M. Averell
Harriman y Lord Beaverbrock conferenciaron con Stalin entr e el 26 de septiembre y el 1º
de octubre de 1941. Pero tampoco se aprovechó. Sólo se pidió que Rusia amainara la
propaganda antirreligiosa porque esto provocaba crítica en la prensa americana. Y Stalin
suspendió la revista El Ateo".
Fue ésa una de las maniobras más sucias contra el pueblo norteamericano; no se
pedía a Stalin que rectificara su política antirreligiosa, sino simplemente que la ocultara un
poco y contribuyera así al engaño de la opinión pública estadounidense, lo cual era
indispensable para proseguir la ayuda americana a la URSS. El escritor Sherwood refiere
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Roosevelt y Hopkins, Roberth E. Sherwood.
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