mática, al mismo tiempo que pensarnos cada uno de nosotros implicados en la misma. Poder preguntarnos qué sentimos y pensamos sobre los consumos problemáticos es la puerta de entrada a una prevención que necesita de un posicionamiento desprejuiciado, abierto y permeable. Visualizarnos como parte de un sistema que también actúa en nosotros habilita un acercamiento diferente con aquello que pareciera que siempre le pasa a otro, un otro que suele estar bajo sospecha. Por todo esto, para preguntarse por los consumos problemáticos, es fundamental cuestionar toda la lógica de consumo que nos atraviesa como sociedad y construir alternativas colectivas para cuidarnos entre todos y todas.
Para seguir pensando:
Centrarse sólo en un aspecto del consumo lleva a un abordaje parcial y reduccionista que no da cuenta de la complejidad de la problemática. Proponemos en cambio un enfoque relacional, donde el consumo se vuelve problemático cuando la relación que la persona tiene con la sustancia se va tornando el centro de su vida. Pensar en la relación, en el vínculo de un sujeto con una sustancia, es poder hacerse las preguntas necesarias para abordar de modo complejo la cuestión: no sólo preguntarse qué consume, cuánto y con qué frecuencia, sino también: ¿ con quiénes?, ¿ cuándo?, ¿ en qué situaciones de vida?, ¿ ante qué?, ¿ qué lugar ocupa en su vida?, ¿ qué malestares tapona?, ¿ qué le ofrece?, ¿ de qué lo saca?, ¿ a dónde lo lleva?, ¿ por qué esa sustancia?, ¿ por qué con otros o solo?, ¿ por qué en un lugar y no otro?, ¿ qué pasó antes?, ¿ cuál es el contexto microsocial y macrosocial?, etc.
El consumo problemático, entonces, se produce cuando una situación de vida exige aliviar un dolor, evadir un vacío, anestesiar condiciones de vida insoportables, o propiciarse estímulos, intensidades y diversión, que no se están encontrando por otras vías, a través del recurso de una sustancia y / o actividad que promete sin demora un alivio o un bienestar.
Por eso pensar en términos de complejidad, conlleva también tener presente los aspectos saludables y las configuraciones ambientales favorecedoras de encuentros y de una lógica de cuidado. Esas prácticas preventivas pueden estar presentes en cada vínculo, cada acto creativo, cada deseo vital, cada esperanza, cada juego.
Cuidados en juego, nivel primario
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