Pequeñas voces
por Caterina Mazzini
Una noche fría en París, Juliette y Paul, su bulldog francés, estaban en su casa. Los dos se encontraban sentados al calor de la chimenea mirando la televisión, cuando sonó el celular de Juliette. Ella atendió y una mujer muy asustada dijo:
- Hola, ¿hablo con Juliette Cousteau?
- Sí, soy yo, ¿quién habla? – respondió Juliette.
- Habla Marie, la llamo por un caso que tengo para usted. Por favor, ayúdeme, estoy aterrada.
- ¿En qué la puedo ayudar?- dijo Juliette.
- Hace dos noches, desde que empezó el invierno, escucho pequeñas voces agudas y desaparecen mis cosas- relató la mujer.
- Interesante…Iré mañana a su casa y la revisaré, mándeme la dirección por mensaje- contestó Juliette.
- Bueno, muchas gracias Juliette, confío en usted- saludó amable la señora.
Al otro día, Juliette se levantó, despertó a Paul, se vistió de color rojo y Paul también. Se subieron a su moto y después de un largo camino llegaron a la casa de Marie. Era una casa con un gran patio, más bien parecida a una cabaña. En ella había dos gatos que seguramente eran de Marie. Juli tocó el timbre y Paul sintió un poco de desconfianza de una casa en la que viven gatos. Él se quedaba por detrás de Juliette cuando Marie abrió la puerta, era una mujer alta de pelo castaño y gran sonrisa en la que ocultaba terror. Juliette le preguntó si en su casa tenía ratas y ella dijo que no. Luego Juliette y Paul investigaron un poco y no encontraron nada. Cuando Juli se dio cuenta de que le faltaba un arito, ella le dijo a Paul que la ayude a encontrarlo. Entonces el perrito buscó y buscó hasta que ladró señalando un orificio que había en el zócalo de la pared.