Cuentos policiales 6 B | Page 39

Entonces recordé algo. La boca morada.

En mi clase de biología de cuando era joven, (mi memoria estaba un poco distorsionada pero aun así lo recordaba) habíamos hablado algo de los efectos secundarios del cloro. Que por supuesto, uno era la muerte.

Un día después estaba en la cafetería, y con unos audífonos escuché de nuevo las grabaciones.

“-No, Sr. Straight, no puede seguir así. Tiene que esconderlos…

-Prim, -se escuchaba una voz áspera y no se entendía bien lo que decía a continuación.

-¡PERO SEÑOR! Sus cuarenta millones de dóla…

-¡Baja la voz!”

Una luz alumbró mi cerebro. Pagué el café a medio tomar, y me fui corriendo hacia mi auto. Tenía una hipótesis perfecta.

Reuní a los sospechosos y a mi ayudante, y empecé a hablar.

-Y, detective, ¿quién fue? –Preguntó Ron.

-El otro día hablé con todos. Pero me dí cuenta de que Prim tenía algo oculto. Claro, ella no fue la asesina. Fue la cómplice, y el asesino fue Dylan Straight. Lo ahogaron con el cloro de la piscina atlética del club.

El director técnico se puso rojo de rabia.

-¿¡Y YO POR QUÉ HABRÍA QUERIDO MATAR A ESA RATA ASQUEROSA!?

-Revisé el celular de Ash (que por cierto conseguí al ver en el casillero), y ví que tenía grabaciones (en las que parecía que estaba escondido) parecían que que estaba escondido detrás de una puerta. Te había escuchado hablando con Prim, sobre unos 40 millones de dólares ocultos robados. Te iba a delatar frente a la justicia, y tú lo has matado por eso. Ah, y era un humano, no una rata asquerosa.

Entonces, los guardias agarraron a Dylan y a Prim y le pusieron esposas.

-Dylan, estás condenado a cadena perpetua –decía el juez, un día después en el juicio- y tú, Prim, a 20 años de cárcel.

Dicho esto, se cerró el simple y fácil caso. Lo había resuelto nuevamente, un 16 de septiembre, donde los pájaros ya habían cantado en dieciséis mañanas del noveno mes del año.

F

FIN