CUENTOS HERMANOS GRIM cuentos_hermanos_grimm_edincr | Page 59

Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica al oír aquel espantoso ruido, creyeron que entraba en la sala algún espectro y escaparon asustados al bosque. Entonces los cuatro compañeros se sentaron a la mesa, se arreglaron con lo que quedaba y comieron como si debieran ayunar un mes. Apenas hubieron concluido los cuatro instrumentistas, apagaron las luces y buscaron un sitio para descansar cada uno conforme a su gusto. El asno se acostó en el estiércol, el perro detrás de la puerta, el gato en el hogar, cerca de la ceniza caliente, el gallo en una viga, y como estaban cansados de su largo viaje, no tardaron en dormirse. Después de medianoche, cuando los ladrones vieron desde lejos que no había luz en la casa y que todo parecía tranquilo, les dijo el capitán. -No hemos debido dejarnos derrotar de esa manera. Y mandó a uno de los suyos que fuese a ver lo que pasaba en la casa. El enviado lo halló todo tranquilo; entró en la cocina y fue a encender la luz; cogió una pajuela y como los inflamados y brillantes ojos del gato le parecían dos ascuas, acercó a ellos la pajuela para encenderla; mas como el gato no entendía de bromas, saltó a su cara y le arañó bufando. Lleno de un horrible miedo corrió nuestro hombre para huir hacia la puerta, mas el perro, que estaba echado detrás de ella, se tiró a él y le mordió una pierna; cuando pasaba por el corral al lado del estiércol, le soltó un par de coces el asno, mientras el gallo, despierto con el ruido y alerta ya, gritaba: ¡quiquiriquí! -desde lo alto de la viga. El ladrón corrió a toda prisa hacia donde estaba su capitán y le dijo: -Hay en nuestra casa una horrorosa hechicera que me ha arañado, bufando, con sus largas uñas; junto a la puerta se halla un hombre armado con un enorme cuchillo, que me ha atravesado la pierna; se ha aposentado en el patio un monstruo negro que me ha aporreado con los golpes de su maza, y en lo alto del techo se ha colocado el juez que gritaba: -¡Traédmele aquí, traédmele aquí, delante de mí! -por lo que he creído debía huir. Desde entonces no se atrevieron los ladrones a entrar más en la casa, y los cuatro músicos de Bremen se hallaban tan bien en ella que no quisieron abandonarla. 59