CUENTOS HERMANOS GRIM cuentos_hermanos_grimm_edincr | Page 156

Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica bajando los ojos, aunque no me atreveré a asegurar que su hilo fuera igual como lo era antes; prosiguió hilando hasta que partió el príncipe. En cuanto no le vio ya, se levantó a abrir la ventana, diciendo: -¡Qué calor hace aquí! Y le siguió con la vista mientras pudo distinguir la pluma blanca de su sombrero. Volvió a sentarse y continuó hilando, pero no se le iba de la memoria un refrán que había oído repetir con frecuencia a su madrina, el cual se puso a cantar, diciendo: Corre huso, corre, a todo correr, mira que es mi esposo debe volver. Mas he aquí que el huso se escapó de repente de sus manos y salió fuera del cuarto; la joven se le quedó mirando, no sin asombro, y le vio correr a través de los campos, dejando detrás de sí un hilo de oro. Al poco tiempo estaba ya muy lejos y no podía distinguirle. No teniendo huso, cogió la lanzadera y se puso a tejer. El huso continuó corriendo y cuando se le acabó el hilo, ya se había reunido al príncipe. -¿Qué es esto? –exclamó-; este huso quiere llevarme a alguna parte. Y volvió su caballo, siguiendo al galope el hilo de oro. La joven continuaba trabajando y cantando: Corre, lanzadera, corre tras de él, tráeme a mi esposo, pronto tráemele. Enseguida se escapó de sus manos la lanzadera, dirigiéndose a la puerta; pero al salir del umbral comenzó a tejer, comenzó a tejer el tapiz más hermoso que nunca se ha visto; por ambos lados le adornaban guirnaldas de rosas y de lirios y en el centro se veían pámpanos verdes sobre un fondo de oro; entre el follaje se distinguían liebres y conejos, y pasaban la cabeza, a través de las ramas, ciervos y corzos; en otras partes tenía pájaros de mil colores, a los que no faltaba más que cantar. La lanzadera continuaba corriendo y la obra adelantaba a las mil maravillas. Corre, aguja, corre, a todo correr, prepáralo todo, que ya va a volver. La aguja, escapándose de sus dedos, echó a correr por el cuarto con la rapidez del relámpago, pareciendo que tenía a sus órdenes espíritus invisibles, pues la mesa y los bancos se cubrían con tapetes verdes, las sillas se vestían de terciopelo y las paredes de una colgadura de seda. 156