CUENTOS HERMANOS GRIM cuentos_hermanos_grimm_edincr | Seite 149

Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica Trajeron además setecientos carros cargados de oro de todas las partes del reino y los metió en el saco con bueyes y todo. Cuando estuvo todo dentro, aún quedaba lugar, pero dijo: -Hay que concluir, bien puede uno cerrar su saco antes de que esté lleno. Y se lo echó a espaldas y fue a reunirse con sus compañeros. El rey viendo que un solo hombre se llevaba todas las riquezas del reino, se puso muy enfadado y mandó montar a toda su caballería, con la orden de perseguir a los compañeros y quitarles el saco. Poco después les alcanzaron dos regimientos que les dijeron: -Daos prisioneros, entregad el saco y el oro que contiene o morís en el acto. -¿Qué decís? -respondió el que soplaba-, ¿que somos prisioneros? Antes echaréis todos a volar. Y tapándose una de las narices se puso a soplar con la otra a los dos regimientos, de modo que los dispersó acá y allá, por el azul del cielo, por encima de los valles y las montañas. Un antiguo sargento mayor le pidió gracia, diciendo que tenía nueve cicatrices y que un valiente como él no merecía ser tratado tan ignominiosamente. El que soplaba se detuvo un poco, de manera que el sargento cayó sin lesión, pero le dijo: -Ve a buscar a tu rey y dile que aunque hubiera enviado doble gente contra nosotros, yo los hubiera hecho bailar a todos en el aire. Al saber la aventura, dijo el rey: -Es preciso dejarlos marcharse: los pícaros son hechiceros. Los seis compañeros se llevaron así sus riquezas, se las repartieron y vivieron felices hasta el fin de sus días. 149