CUENTOS HERMANOS GRIM cuentos_hermanos_grimm_edincr | Página 146

Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica -¡Oh! Ven conmigo -le dijo el soldado-. Nosotros tres lo conseguiremos todo. El cazador le siguió y llegaron delante de siete molinos de viento que daban vueltas con la mayor velocidad, sin embargo, no hacía un pelo de viento y no se movía la hoja de ningún árbol. El soldado le dijo: -No concibo cómo pueden andar estos molinos, pues no hace aire. Dos leguas más allá vieron un hombre que estaba subido en un árbol; tenía una de las narices tapada y soplaba con la otra. -¿Qué diablos soplas ahí arriba? -le preguntó el soldado. -Dos leguas de aquí -le respondió-, hay siete molinos de viento y estoy soplando para hacerlos andar. -¡Oh! ven conmigo -dijo el soldado-; nosotros cuatro lo conseguiremos todo. El que soplaba bajó del árbol y les acompañó. Al cabo de algún tiempo vieron a un hombre que estaba sobre un solo pie; se había quitado el otro y le tenía a su lado. -He ahí uno -dijo el soldado-, que de seguro quiere descansar. -Soy un andarín -respondió el otro-, y por no ir tan de prisa me he quitado una pierna; cuando tengo puestas las dos ando más que las golondrinas. -¡Oh! ven conmigo -dijo el soldado-; nosotros cinco lo conseguiremos todo. Se fue con ellos y poco tiempo después encontraron un hombre que tenía un sombrero pequeño puesto encima de la oreja. El soldado le dijo: -Dispensadme, caballero, creo que haríais mejor en poneros el sombrero derecho. -Me guardaré muy bien -dijo el otro-, pues si me pongo el sombrero derecho, hace un frío tan grande que los pájaros se hielan en el aire y caen muertos en el suelo. -¡Oh! entonces -dijo el soldado- ven conmigo; nosotros seis lo conseguiremos todo. Los seis entraron en una ciudad en que el rey había mandado pregonar que el que quisiera luchar en la carrera con su hija, se casaría con ella si era vencedor; pero se le cortaría la cabeza si era vencido. El soldado se presentó y preguntó si podía correr en lugar suyo uno de su compañía. -¿Por qué no? -respondió el rey-; pero su vida y la tuya servirán de prenda y si es vencido os cortarán a los dos la cabeza. 146