Cuentos de los Herm anos Grimm
EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL
costa rica
Los Tres Ramos Verdes
Había una vez un ermitaño que vivía en un bosque al pie de una montaña; pasaba el tiempo rezando
y haciendo buenas obras, y todas las tardes llevaba por penitencia dos cubos grandes de agua desde
la ladera hasta la cumbre de la montaña, para regar las plantas y dar de beber a los animales, pues
reinaba en aquella altura un aire tan fuerte que todo lo secaba, y los pájaros, que huían en aquel
desierto de la presencia del hombre, buscaban en vano agua que beber con sus perspicaces ojos. Un
ángel del Señor se aparecía al ermitaño para recompensar su piedad, y en cuanto concluía su tarea
le daba de comer, como a aquel profeta que era sustentado por los cuervos de orden del Eterno.
El ermitaño llegó así, en olor de santidad, hasta una edad muy avanzada; pero un día en que vio a
lo lejos un pobre pecador, a quien llevaban al cadalso, se atrevió a decir:
-Ya vas a pagar lo que has hecho.
Por la tarde, cuando subió el agua a la montaña, no se le apareció el ángel como era costumbre, ni
le trajo su comida. Atemorizado, inquirió en el fondo de su corazón en lo que podía haber ofendido
a Dios y no podía descubrirlo. Postrose en tierra y estuvo orando día y noche sin querer tomar
alimento alguno.
Un día, cuando estaba llorando amargamente en el bosque, oyó a un pájaro que cantaba con una
voz tan melodiosa que no pudo menos de decirle:
-¡Ah!, pajarito, ¡qué contento cantas! El Señor no está incomodado contigo. ¡Ay!, si pudieras
decirme en lo que le he ofendido, haría penitencia y volvería la alegría a mi corazón.
El pájaro le contestó:
-Has cometido una mala acción, condenando a un pobre pecador que llevaban al cadalso: por eso
está incomodado contigo el Señor, pues solo a él le corresponde juzgarle. Sin embargo, si haces
penitencia y te arrepientes de tu pecado, te perdonará.
El ermitaño vio entonces al ángel del Señor delante de él, con una rama seca en la mano.
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