Cuentos de los Herm anos Grimm
EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL
costa rica
La Ondina del Estanque
Había en cierto tiempo un molinero que vivía feliz con su mujer: tenían dinero, bienes y su
propiedad aumentaba de año en año, pero la desgracia, dice el proverbio, viene durante la noche;
su fortuna disminuyó de año en año, lo mismo que se había aumentado y por último el molinero
apenas podía llamar suyo el molino en que habitaba. Hallábase muy afligido y cuando se acostaba
por la noche terminado su trabajo, apenas podía descansar, pues sus penas le hacían dar vueltas en
la cama. Una mañana se levantó antes de la aurora y salió para tomar el aire, imaginando que sentía
algún alivio en su pesar. Cuando pasaba cerca de la escalera del molino, comenzaba a apuntar el
primer rayo del sol y oyó un ligero ruido en el estanque. Se volvió y distinguió a una mujer muy
hermosa, que se elevaba lentamente en medio del agua; sus largos cabellos, que había echado con
sus delicadas manos sobre sus espaldas, descendían por ambos lados y cubrían su cuerpo blanco
y brillante como la nieve. No tardó en conocer que era la ondina del estanque e ignoraba en su
terror si debía quedarse o huir de allí, pero la ondina dejó oír su dulce voz, le llamó por su nombre
y le preguntó por qué estaba tan triste. El molinero permaneció como mudo en un principio, pero
oyéndola hablar con tanta gracia, se animó y le refirió que anteriormente había vivido feliz y rico,
y que ahora se había quedado tan pobre que ignoraba qué hacer.
-No tengas cuidado, -contestó la ondina-; yo te haré más feliz y dichoso de lo que nunca has sido;
mas es preciso que me prometas darme lo que acaba de nacer en tu casa.
-Sin duda será algún perro o algún gato, -pensó para sí el molinero y le prometió lo que le pedía.
La ondina se sumergió en el agua y él volvió corriendo, consolado y alegre a su molino; aún no
había llegado cuando salió la criada de la casa y le dijo que se regocijase, pues su mujer acababa
de dar a luz un niño. Quedó el molinero como herido por un rayo, comprendiendo entonces que
la maliciosa ondina sabía lo que pasaba y le había engañado. Acercose al lecho de su mujer con la
cabeza baja y esta le preguntó.
-¿Por qué no te alegras por el nacimiento de nuestro nuevo hijo?
Le refirió lo que le había sucedido y la promesa que había hecho a la ondina.
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