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Cuentos de los Herm anos Grimm EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL costa rica El Sastrecillo Valiente Un sastrecillo estaba sentado en su mesa cerca de la ventana en una hermosa mañana de verano, cosiendo alegremente y con mucha prisa, cuando acertó a pasar por la calle una mujer que voceaba: -¿Quién compra buena crema? ¿Quién compra buena crema? Esta palabra crema sonó tan agradablemente a nuestro hombre que, asomando su pequeña cabeza por la ventana, exclamó: -Aquí, buena mujer, entrad aquí y encontraréis comprador. Subió cargada con su pesado cesto los tres escalones de la tienda del sastre y tuvo que poner delante de él todos sus cacharros para que los mirase, manejase y oliese el uno después del otro concluyendo por decir: -Me parece que es buena esta crema; dadme dos onzas buena mujer y aunque sea un cuarterón. La vendedora, que había creído hacer un negocio mucho mejor, le dio lo que pedía, pero se fue gruñendo y refunfuñando. -Ahora, -exclamó el sastrecillo-, suplico a Dios que tenga a bien bendecir esta buena crema para que me dé fuerza y vigor. Y cogiendo el pan del armario partió una larga rebanada para extender su crema encima. -¡Qué bien me va a saber!, -pensó para sí-, pero antes de comérmela voy a acabar esta chaqueta. Colocó la tostada a su lado y se puso a coser de nuevo y era tal su alegría que daba las puntadas cada vez mayores. Pero el olor de la crema atraía las moscas que cubrían la pared y vinieron en gran número a colocarse encima de ello. -¿Quién os ha llamado aquí?, -dijo el sastre echando a estos huéspedes incómodos. Pero las moscas sin hacerle caso volvieron en mayor número que antes. 107