Cuentos de los Herm anos Grimm
EDITORIAL DIG ITAL - IMPRENTA NAC IONAL
costa rica
Cuando las hubo encontrado, se vistieron todas de cazadores con trajes enteramente iguales; la
princesa se despidió después de su padre y se marchó con sus compañeras a la corte de su antiguo
novio; preguntó si necesitaba cazadores y si podían entrar todos en su servicio. El rey la miró y
no la conoció; pero como todos eran tan buenos mozos, dijo que sí, que los recibiría con gusto. Y
quedaron los doce cazadores a servicio del rey.
Pero el rey tenía un león, que era un animal mágico, pues sabía todo lo oculto y secreto, y una
noche le dijo:
-¿Crees que tienes doce cazadores?
-Sí, -contestó el rey-, los cazadores son doce. Pero el león añadió:
-Te engañas, son doce doncellas.
El rey replicó:
-No puede ser verdad; ¿cómo me lo probarás?
-Manda echar guisantes en tu cuarto, -replicó el león-, y lo verás con facilidad. Los hombres tienen
el paso firme; cuando andan sobre guisantes, ninguno se mueve; pero las mujeres caminan con
inseguridad y vacilan y los guisantes ruedan.
El rey siguió su consejo y mandó extender los guisantes. Mas un criado del rey, que quería mucho
a los cazadores, cuando supo que debían ser sometidos a una prueba, se lo contó diciéndoles:
-El león quiere probar al rey que sois mujeres.
Agradecióselo la princesa y dijo a sus doncellas:
-Id con cuidado, y andad con paso fuerte por los guisantes.
Cuando el rey llamó al día siguiente a los cazadores y fue a su cuarto donde estaban los guisantes,
comenzaron a andar con fuerza y con un paso tan firme y seguro, que ni uno solo rodó ni se movió.
Cuando se marcharon, dijo el rey al león:
-Me has engañado, andan como hombres.
El león le contestó:
-Lo han sabido y han procurado salir bien de la prueba, haciendo un esfuerzo. Pero manda traer
doce husos a tu cuarto y cuando entren verás cómo se sonríen, lo cual no hacen los hombres.
Agradó al rey el consejo y mandó llevar las ruecas a su cuarto.
Pero el criado, que tenía cada vez más afición a los cazadores, fue a verlos y les descubrió el
secreto. Entonces dijo la princesa a sus once doncellas, así que estuvieron solas:
-Estad con cuidado y no miréis a las ruecas.
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