viajaban habitualmente. Mientras estaba allí abajo, sintió la misma energía
negativa que había sentido en aquel vagón junto a la nena, la mamá y el oso.
Felipa caminaba y caminaba por ese sitio, pero era imposible aguantar el olor
que había, era muy fuerte. Entonces decidió volver a su casa y al otro día
seguir con la búsqueda.
Llegó a su casa, abrió la puerta, y encontró un sobre que decía: “No busqués
más”. Felipa no le dio mucha importancia, ya que podía ser una broma de
algún adolescente. En fin, dejó sus cosas sobre la mesa, se dio una ducha y
luego se fue a dormir.
Al día siguiente, se despertó con esperanzas de encontrar a esa familia, salió
de su casa sin desayunar y fue a aquel subterráneo abandonado. Llegó allí y
empezó a buscar donde no había buscado. Empezó a ver sangre en el piso
hasta que vio al osito tirado en un rincón con la madre de la niña muerta y
notó que el oso estaba triste. No entendía qué pasaba hasta que entró al vagón
y vio a la niña con la ropa llena de sangre y con un cuchillo con el cual había
cometido el crimen. Entonces, en ese momento, pudo notar que ella estaba
dentro del oso y que el terror de los ojos era el que sentía al verse en otro
cuerpo. El espíritu se había apoderado del cuerpo de Felipa y fue ahí cuando
ella se distrajo y murió con la puñalada de aquel ser malvado y aterrador.
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