Cuentos de terror | Page 30

Felipa y el oso Como todos los días, Felipa viajaba en el subterráneo. Todas las mañanas eran siempre las mismas personas, todo era igual, pero había una en especial, que era una pequeña niña llamada Lola que viajaba con su osito y con su madre todas las mañanas. Había una cosa que le llamaba la atención a Felipa, el oso. Ella había pasado por muchas cosas paranormales en el hospital psiquiátrico, y a ese oso le sentía algo extraño, como si una energía negativa cubriera todo el vagón donde ellas estaban. El oso era como cualquier oso común: marrón, gordito, peludo y con aspecto tierno, pero si lo mirabas a los ojos fijamente, notabas el terror que había en él. La niña que lo poseía era muy linda y simpática, y no mostraba como si hubiera tenido problemas con el oso o cosas similares. Al día siguiente, Felipa tomó la misma rutina, pero esta vez la madre y el oso no aparecieron. Ella no le dio importancia, porque eso podía pasar. Llegó el otro día, y tampoco aparecieron, el tercero menos… Ya no iban más. Felipa se vio obligada a saber más de ellas porque sentía la energía negativa de parte del oso, y no hizo más que averiguar sobre aquella familia. Movió cielo y tierra para poder tener más información, y las pistas la llevaron a un subterráneo viejo, lleno de basura y ratas. Estaba abandonado y se decía que aquella mañana que no aparecieron se habían perdido. Las pistas la llevaron a Felipa a esa estación de subte que era la más parecida a la que 30