A la mañana siguiente, me desperté como hago normalmente, pero… algo no
andaba bien. Cuando fui a desayunar con mi mamá, me dijo:
―¿Y? ¿¡Hoy sí estás de buen humor!? ―Se la veía furiosa. ¿Qué había hecho
yo para que se pusiera así?― ¿Sabés qué? ¡Desayuná sola! ―dijo mi mamá
para llevarse su café e irse.
No entendía nada, pero no iba a dejar que una mala mañana afectara el
examen para el cual tanto había estudiado.
Cuando llegué a la escuela, fui directo a mis dos amigos para saludarlos con
una sonrisa, a la cual Leticia me respondió:
―Con vos no hablo más ―dijo con el ceño fruncido y se dio la vuelta para
irse.
“¿¡Qué les pasaba a todos hoy!? Primero mi mamá y después Leticia. Bue,
seguro que puedo contar con Juan hasta que se les vaya el enojo a esas dos”.
Sonó el timbre y entramos a clases. Me senté al lado de Juan y le dije:
―Eu, vos sí habías estudiado para la prueba, ¿no?
―La prueba fue ayer ―me respondió con cara larga.
―¡Ah, nooo! ¿Vos me estás jodiendo? ―le dije ya algo enojada.
―Sí, boluda. La prueba fue ayer 15 y hoy es 16 ―dijo algo preocupado.
En eso llegó la profesora de Lengua, la cual me miró con algo de bronca y
pidió a todos que hiciéramos silencio. “Algo pasó, sé que algo pasó y no me
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