Cuadernos Médicos Sociales 2018; Vol 58 N°2 | Page 90

INTRODUCCIÓN el ingreso de migrantes ha aumentado exponen- cialmente alcanzando el 2,7% en 2014, con una tasa de crecimiento medio anual del 13,2% del 2002 al 2014, contrastada con la de la población general residente en el país de 1,5% (1) Cabieses, 2017). Es a raíz de este fenómeno que la inmi- gración se ha convertido en tema de tabloides hasta reconocer (aunque de forma incompleta) que debe ser abordado como un tema de salud pública y por tanto, de derechos humanos. Cada país tiene la potestad de definir quién en- tra a su territorio, quién permanece y quién no y, para ello, ejerce control sobre sus fronteras. La vía de entrada -terrestre, aérea o marítima- y su notificación ante los entes de control definen el estado migratorio, el cual determinará en adelan- te las oportunidades de esa persona de acceder a los servicios de salud, vivienda, trabajo digno, entre otros. No obstante, está demostrado que este control no siempre es absoluto y que exis- ten pasos fronterizos alternos por los que ingre- san personas que luego son catalogadas como indocumentadas, para luego ser parte del grupo de quienes no son reconocidas por el Estado ni considerados dentro de las políticas públicas. Todo lo anterior reafirma que las restricciones políticas, económicas y sociales que imponen los países no detienen el proceso migratorio de quien ha decidido iniciarlo, pues la autonomía del migrante y la situación que lo impulsa se im- pone y es esta capacidad de decisión la que no debe ser subestimada ni invisibilizada. Si bien un país no tiene la obligación de recibir a todos los que quieran ingresar, es su deber propender porque incluso quienes infrinjan la ley, gocen de un trato digno y humano durante los procedi- mientos que deban asumir por su decisión. Más aún si el ingreso fue por un paso habilitado, se debe optimizar su regularización para disminuir la probabilidad de que sean víctimas de violacio- nes de derechos humanos. En este contexto, Chile se ha visto enfrentado como Estado a cumplir los acuerdos a los que adhirió para la protección de los trabajadores migrantes, cuando contaba con un porcentaje menor de esta población, y a reorganizarse en el ámbito institucional para recibirlos adecua- damente. Esto ha generado múltiples cambios socioculturales que han desafiado a la población incluso en sus espacios más sencillos. Este cho- que entre culturas es un desafío que invita a que las diferencias sean un motivo de diálogo en- marcado dentro del respeto por los derechos del otro, que permita generar cambios que aporten Las razones que motivan la migración son tan diversas como quienes la protagonizan, aquellos que deciden dejar su país de origen y emprender un camino que inicia desde la toma de la decisión, incluye el tránsito por el paso fronterizo y culmi- na parcialmente con la instalación en el país de destino. Muchos migrantes se consideran en trán- sito aun cuando se estabilicen en un lugar, pues el deseo de volver a su país está presente siempre, lo que hace que en cualquier momento decidan regresar y cerrar su ciclo migratorio. Migrar es un derecho humano y antes de que fuera el centro del debate, ya formaba parte de las prácticas humanas más antiguas. El humano ha migrado desde siempre, antes de que traspasar los límites entre los estados fuera condicionado, juz- gado e incluso penalizado. Los primeros humanos cambiaban de lugar de residencia por motivos de caza, refugio, clima o problemas con otros grupos humanos, y para ello utilizaban animales o sim- plemente hacían el trayecto a pie. Hoy, las razo- nes para tomar una decisión como dejar el país de origen no han cambiado mucho, pero movilizarse sí se ha facilitado como consecuencia de la globa- lización, que ha acortado las distancias y le ha per- mitido al migrante informarse sobre las opciones que tiene. Sin embargo, esto no ha sido suficiente para que el acto de migrar deje de ser un factor de riesgo para la salud del migrante. CONTEXTO LATINOAMERICANO Y CHILENO Durante los últimos dos siglos, América Latina ha sido objeto de múltiples crisis económicas y políticas. Su histori a de colonización y conquis- ta ha hecho que este continente sea desunido y muchas veces poco solidario, enfrascado en dis- putas territoriales que han hecho difícil el reco- nocimiento de los pueblos originarios, el tránsito libre de los mismos y, por supuesto, ha compli- cado aún más la aceptación de personas de otras nacionalidades. Los latinoamericanos han vivido entre batallas ajenas y propias que han limitado el desarrollo social, económico y político de cada país en magnitudes diferentes. Sin embargo, a pesar de ello, la migración interna ha sido una constante que en los últimos años ha aumentado como consecuencia de eventos con un alto im- pacto social en países como Haití, Colombia y Venezuela que agudizaron las problemáticas de sus respectivas poblaciones. En el caso de Chile, Soto C., et al. 88