INTRODUCCIÓN
el ingreso de migrantes ha aumentado exponen-
cialmente alcanzando el 2,7% en 2014, con una
tasa de crecimiento medio anual del 13,2% del
2002 al 2014, contrastada con la de la población
general residente en el país de 1,5% (1) Cabieses,
2017). Es a raíz de este fenómeno que la inmi-
gración se ha convertido en tema de tabloides
hasta reconocer (aunque de forma incompleta)
que debe ser abordado como un tema de salud
pública y por tanto, de derechos humanos.
Cada país tiene la potestad de definir quién en-
tra a su territorio, quién permanece y quién no y,
para ello, ejerce control sobre sus fronteras. La
vía de entrada -terrestre, aérea o marítima- y su
notificación ante los entes de control definen el
estado migratorio, el cual determinará en adelan-
te las oportunidades de esa persona de acceder
a los servicios de salud, vivienda, trabajo digno,
entre otros. No obstante, está demostrado que
este control no siempre es absoluto y que exis-
ten pasos fronterizos alternos por los que ingre-
san personas que luego son catalogadas como
indocumentadas, para luego ser parte del grupo
de quienes no son reconocidas por el Estado ni
considerados dentro de las políticas públicas.
Todo lo anterior reafirma que las restricciones
políticas, económicas y sociales que imponen
los países no detienen el proceso migratorio de
quien ha decidido iniciarlo, pues la autonomía
del migrante y la situación que lo impulsa se im-
pone y es esta capacidad de decisión la que no
debe ser subestimada ni invisibilizada. Si bien
un país no tiene la obligación de recibir a todos
los que quieran ingresar, es su deber propender
porque incluso quienes infrinjan la ley, gocen de
un trato digno y humano durante los procedi-
mientos que deban asumir por su decisión. Más
aún si el ingreso fue por un paso habilitado, se
debe optimizar su regularización para disminuir
la probabilidad de que sean víctimas de violacio-
nes de derechos humanos.
En este contexto, Chile se ha visto enfrentado
como Estado a cumplir los acuerdos a los que
adhirió para la protección de los trabajadores
migrantes, cuando contaba con un porcentaje
menor de esta población, y a reorganizarse en
el ámbito institucional para recibirlos adecua-
damente. Esto ha generado múltiples cambios
socioculturales que han desafiado a la población
incluso en sus espacios más sencillos. Este cho-
que entre culturas es un desafío que invita a que
las diferencias sean un motivo de diálogo en-
marcado dentro del respeto por los derechos del
otro, que permita generar cambios que aporten
Las razones que motivan la migración son tan
diversas como quienes la protagonizan, aquellos
que deciden dejar su país de origen y emprender
un camino que inicia desde la toma de la decisión,
incluye el tránsito por el paso fronterizo y culmi-
na parcialmente con la instalación en el país de
destino. Muchos migrantes se consideran en trán-
sito aun cuando se estabilicen en un lugar, pues el
deseo de volver a su país está presente siempre,
lo que hace que en cualquier momento decidan
regresar y cerrar su ciclo migratorio.
Migrar es un derecho humano y antes de que
fuera el centro del debate, ya formaba parte de las
prácticas humanas más antiguas. El humano ha
migrado desde siempre, antes de que traspasar los
límites entre los estados fuera condicionado, juz-
gado e incluso penalizado. Los primeros humanos
cambiaban de lugar de residencia por motivos de
caza, refugio, clima o problemas con otros grupos
humanos, y para ello utilizaban animales o sim-
plemente hacían el trayecto a pie. Hoy, las razo-
nes para tomar una decisión como dejar el país de
origen no han cambiado mucho, pero movilizarse
sí se ha facilitado como consecuencia de la globa-
lización, que ha acortado las distancias y le ha per-
mitido al migrante informarse sobre las opciones
que tiene. Sin embargo, esto no ha sido suficiente
para que el acto de migrar deje de ser un factor de
riesgo para la salud del migrante.
CONTEXTO LATINOAMERICANO Y
CHILENO
Durante los últimos dos siglos, América Latina
ha sido objeto de múltiples crisis económicas y
políticas. Su histori a de colonización y conquis-
ta ha hecho que este continente sea desunido y
muchas veces poco solidario, enfrascado en dis-
putas territoriales que han hecho difícil el reco-
nocimiento de los pueblos originarios, el tránsito
libre de los mismos y, por supuesto, ha compli-
cado aún más la aceptación de personas de otras
nacionalidades. Los latinoamericanos han vivido
entre batallas ajenas y propias que han limitado
el desarrollo social, económico y político de cada
país en magnitudes diferentes. Sin embargo, a
pesar de ello, la migración interna ha sido una
constante que en los últimos años ha aumentado
como consecuencia de eventos con un alto im-
pacto social en países como Haití, Colombia y
Venezuela que agudizaron las problemáticas de
sus respectivas poblaciones. En el caso de Chile,
Soto C., et al.
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