de la sociedad. Esto conlleva a un cambio de actitud que refleja posibles prejuicios, o directamente juicios de valor a la hora de atender a personas. Dentro de los prejuicios existentes encontramos: temor de seducción, higiene deficiente, entre otros( 13). Existen profesionales de salud que están plenamente capacitados / as para enfrentar una entrevista con sujetos LGB. Sin embargo, no es la situación mayoritaria, dado que una gran parte de los miembros de los establecimientos de salud no recibe una adecuada formación de pregrado en lo que respecta a diversidad y sexualidad, a excepción de las que pudiesen ser más afines por su relación con salud mental u órganos genitales( 16). Los profesionales que no se dedican a sexualidad propiamente tal, no cuentan con una educación satisfactoria otorgada, derivado en información limitada e imprecisa. Muchas veces no utilizan los términos adecuados y no siempre están conscientes de las necesidades de la comunidad LGB, lo que refleja una oferta insuficiente de servicios de salud para ellos( 6,13,16).
Si el profesional no indaga u orienta la atención hacia estas necesidades particulares( además de las necesidades más generales por el hecho de ser persona), muchas veces se sesgan las recomendaciones de salud, llevando a diagnósticos incompletos y tratamientos inadecuados o innecesarios. Todo esto, sumado al funcionamiento del sistema de salud, hace difícil que se pueda lograr una atención clínica idónea.
Es importante señalar, por el contrario, que muchos / as profesionales si cuentan con las herramientas efectivas y necesarias para enfrentar una consulta o atención de personas LGB; debido a su interés personal en informarse sobre el tema, recibiendo educación de postítulo o postgrado, cambiando paradigmas previamente asimilados.
¿ CÓMO SE PUEDEN DERRIBAR ESTAS BARRERAS MENCIONADAS?
Lo principal es, en primera instancia, visibilizar la situación. Estas barreras existen y están sucediendo en nuestra sociedad, en los establecimientos nacionales de salud. En segundo lugar, informar. Existe información en internet sobre discriminación, sobre las comunidades LGBT, sobre las minorías en general. Como en todo orden de cosas, es de responsabilidad del lector( en este contexto, el miembro del equipo de salud) discernir entre la información útil y la que no lo es tanto, y dejar de lado la que no es verídica o confiable.
Durante la formación profesional de pregrado en carreras de la salud, las mallas curriculares debieran incluir más asignaturas relacionadas con la sexualidad. En los establecimientos de salud se podrían generar instancias multidisciplinarias de educación, idealmente en forma de capacitaciones por personal habilitado; pero también realizando actividades entre los mismos miembros del equipo. A modo de ejemplo, el desarrollo de nuevos protocolos, manuales o afiches informativos pudiera ser útil e inclusivo a la vez, cumpliendo un rol de difusión. Es a su vez importante, que sean todas las personas que allí trabajen las que participen, independiente de su función específica como parte del establecimiento( 16).
A nivel más global, la realización de campañas de difusión de información sobre discriminación y sexualidad a distintos niveles: junta de vecinos, comunidad, comunas, e incluso país; con el fin de generar una conciencia colectiva sobre la importancia que tiene cambiar las conductas poco inclusivas y discriminadoras hacia la población LGBT y minorías en general.
CONCLUSIONES
Para tener una postura afirmativa acerca de diversidad sexual en salud, hay que informarse al respecto. Los / las profesionales de la salud son los que están en contacto con este tópico constantemente, al momento de atender pacientes de diversas sexualidades. Hay, entonces, responsabilidad por parte de ellos y ellas para cambiar la situación actual en relación a las barreras que tiene la comunidad LGB en el acceso a los servicios de salud de nuestro país, en cuanto son agentes de salud y, por tanto, deben promoverla mediante comunicación y educación efectiva, sin importar a quién. No basta solamente con decir que no se discrimina, si no, intervenir con actitudes positivas, respeto e inclusión para lograr un cambio favorable, en lo que respecta a la atención en salud y muchos otros aspectos.
REFERENCIAS
1. Meyer I. Minority stress and mental health in gay men. Journal of Health and Social Behavior. 1995, Vol. 36, n º 1, p. 38-56.
2. Gómez F, Barrientos J. Efectos del prejuicio sexual en la salud mental de gays y lesbianas en la ciudad de Antofagasta, Chile. Sexualidad, Salud y Sociedad. Revista Latinoamericana. ISSN 1984-6487 / n. 10- abr. 2012- pp. 100-123.
Catalán M.
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