ORIGINALES: Atención de Salud y Género inapropiadas o peyorativas. Por ejemplo, el uso de adjetivos calificativos negativos, como“ marica” o“ marimacho” o el mal uso de terminología, como llamar“ travesti” a un hombre de orientación homosexual con características asociadas al género femenino( 13). En algunos casos, incluso pudieran negar la atención, cualquiera sea la razón, por ejemplo, temor al contacto con la sangre del paciente en toma de muestra o cirugía; o violencia en distintos grados, por ejemplo, al sugerir fuertemente la conversión a una orientación heterosexual. De hecho, existen psicólogos, psiquiatras y personas relacionadas con la iglesia y religión, entre otros, que realizan este tipo de tratamiento con fines curativos o correctivos, patologizando la identidad de género o la orientación sexual no heterosexual, al cual muchos jóvenes LGB acuden por obligación familiar o incluso por iniciativa propia, para poder sentirse aceptados por sus seres queridos y encajar en la sociedad de hoy en día. Esto constituye las denominadas“ terapias de conversión o reorientación sexual”( 15).
Dentro de las barreras más específicas encontramos las mencionadas a continuación, descritas en su mayoría por Mejía et al( 13) y en la“ Guía de orientaciones y recomendaciones para la atención de adolescentes y jóvenes gays, lesbianas y bisexuales en el nivel primario de salud” del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente( CEMERA)( 16).
Para hombres gay, es una barrera la estigmatización asociada a la feminización y portación de VIH / SIDA. Se orienta y limita la atención de salud a prevención o detección de VIH e infecciones de transmisión sexual, tomándolo como elemento central y característica inherente a la homosexualidad masculina. Todo esto deriva en una inapropiada oferta de servicios( 13, 16).
Para mujeres lesbianas, una de las principales barreras es la orientación de la consulta ginecológica a fines netamente reproductivos, más que a una lograr una salud sexual óptima. Además, hay menor número de consultas porque ellas no requieren anticonceptivos ni atención prenatal con la misma frecuencia que las mujeres heterosexuales; por ende, se realizan menos exámenes ginecológicos de rutina( examen físico, PAP, mamografía), lo que puede derivar en mayor incidencia de cáncer de mama o cervicouterino. Existe un desconocimiento generalizado de la transmisión de infecciones por vía sexual en relaciones sexuales lésbicas, y sus métodos de prevención( 13, 16).
Para personas bisexuales es complejo el hecho de su invisibilidad social y política, y el pensamiento colectivo que es una orientación“ de transición” o intermedia, puesto que no es completamente hetero- ni completamente homosexual, lo cual pudiera considerarse como indecisión o confusión, instando a que ellos mismos tengan que elegir uno de los dos extremos, dejando de lado el aspecto dinámico de la sexualidad( 13, 16).
Finalmente, existen barreras propias de los servicios que, en cierta medida, son aplicables no solo a la población LGB, si no, en muchas otras situaciones. Estas barreras son de índole logística e incluyen, por ejemplo: demoras en la atención, dificultad en toma de horas, factores económicos, tiempo de espera prolongado, carencia de sistema de salud en extranjeros, y falta confidencialidad. Esta última debiere resguardarse en todas las prácticas al interior del establecimiento de salud, evitando comentarios inadecuados en espacios comunitarios, generando temor a la exposición y estigmatización( 16). Por último, es preciso señalar que estas barreras se acentúan al contrastar el sistema de salud público con el privado( 17).
¿ ESTÁN CAPACITADOS LOS / LAS PROFESIONALES DE SALUD PARA ATENCIÓN DE POBLACIÓN LGB?
En nuestra cultura, existe aún un modelo patriarcal de enseñanza en ámbitos de salud con una visión heterosexista predominante( 14, 16). Esto, en gran parte debido a que la visibilización y la relativa despatologización del estatus de la comunidad LGB ha sido más bien reciente. El inculcar o incorporar paradigmas nuevos, distintos, es siempre difícil y requiere planificación y tiempo para desarrollar estrategias que permitan acoger las ideologías LGB y validarlas como parte del conocimiento básico exigido en el ámbito de la sexualidad, educación sexual y sociocultural. Y esto incluso puede extrapolarse a educación escolar o valores familiares.
Englobando el contexto político, las posturas de los profesionales pudiesen estar influidas también muchas veces por éste, adoptando posiciones variables, políticamente correctas o socialmente aceptadas, como parte de su arsenal de conocimiento personal, las cuales muchas veces son discriminatorias o faltas de conocimiento empírico y son utilizadas sin cuestionamiento alguno, pues son internalizadas y parte del pensamiento colectivo que obedece a este contexto( 14).
La generalización está también presente. Un ejemplo de ello es la tendencia a incluir a las personas del sector LGB dentro de grupos marginados
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Cuad Méd Soc( Chile) 2018, 58( 2): 43-47