al igual que el de la Universidad del Desarrollo,
señala como factor influyente a la educación; de
hecho, un 77% de los encuestados señala que es
mejor tener pocos hijos, pero darles una educa-
ción de calidad (14).
Se estima que, en países en desarrollo, como
Chile, cada año suceden 125 millones de partos,
y en 54 millones de ellos (43%) se realizan menos
de los controles prenatales recomendados por la
Organización Mundial de la Salud (15). En el caso
de Chile, cada año de la última década ocurrieron
en promedio 241 mil nacimientos, y cada mujer
del sistema público, donde ocurren cerca del 70%
de los nacimientos, acudió en promedio a 6,35
controles en 2015 (16).
Singh estima que 43 millones de mujeres (34%)
no tiene un parto atendido en una institución de
salud y 21 millones (17%) necesitan, pero no re-
ciben atención en complicaciones obstétricas de
gravedad. En el caso de Chile, ya en 2005 el 99,8%
de los nacimientos ocurría en instituciones de sa-
lud con atención profesional del parto (17), cifras
que muchos vecinos del continente, 13 años des-
pués, aún no alcanzan.
Durante el siglo XXI la mortalidad materna ha
seguido siendo foco de preocupación en todo
el mundo. Uno de los 8 Objetivos del Milenio
planteados por la Organización de las Naciones
Unidas en el año 2000 fue el de reducir la razón
de mortalidad materna (RMM) en el mundo en
un 75% para el año 2015 en relación a las tasas
de 1990. Esto le significaba a Chile transitar desde
39,8 a 9 muertes maternas por cada 100.000 naci-
dos vivos (de 1990 a 2015). Entre 1990 y 2013, las
cifras de muertes maternas en el mundo cayeron
un 45%. Así, en 1990 morían 523.000 mujeres a
causa del embarazo o el parto, en 2013 se redujo
a 289.000 (15). En el caso de Chile la mortalidad
materna entre 1990 y 2011, si bien se redujo en un
53,6%, no logró el objetivo del milenio. Es más,
Chile no sólo no ha disminuido su mortalidad ma-
terna desde 2000 en adelante, sino que entre 2008
y 2011 aumentó en un 12% (18). Se han planteado
diversas explicaciones, entre ellas: la maternidad
excesivamente postergada, el envejecimiento de la
población y el aumento de enfermedades crónicas
no transmisibles, e incluso algunos autores han se-
ñalado la excesiva medicalización del parto como
un factor sobre el cual poner atención (19).
Los países con la tasa de mortalidad materna más
baja de la región, desde 2007 son Uruguay, Chile y
Costa Rica, mientras que las tasas más altas están
en Guatemala, República Dominicana y Paraguay
(15). Pese a todo lo anterior hay que considerar que
Leiva G.
en América Latina la mortalidad materna es relati-
vamente baja en comparación con las otras regio-
nes del mundo. Chile en 2015 presentó una RMM
de 13,5 por cada 100 mil nacidos vivos (9).
Se puede plantear por tanto, que en temas como
atención profesional del parto, cobertura de aten-
ción prenatal de la gestación, y mortalidad materna,
hemos avanzado de manera exitosa. Hoy el desa-
fío es otro, además de trabajar basados en eviden-
cia científica, debemos hacerlo con enfoque de
derechos.
EL EXCESO DE CESÁREAS, UN
PROBLEMA QUE NO HEMOS PODIDO
SOLUCIONAR.
Junto a los positivos indicadores expuestos an-
teriormente, y a pesar de las recomendaciones in-
ternacionales que se vienen haciendo desde el año
1985, Chile presenta un indicador que no es nada
de positivo, y que viene mostrando un aumento
progresivo en los últimos 30 años, las cesáreas. En
la declaración de la OMS del año 1985 ya se plan-
teaba la recomendación de que lo países no debe-
rían tener tasas superiores al 15%, porcentaje que
fue ratificado en 2015 por la propia OMS. Pese a lo
anterior, ya en 1986 Chile mostraba tasas de cesá-
reas de un 27% (20).
En la última década el nacimiento en el sistema
privado ha crecido desde un 21% en el año 2000, a
un 32% en 2015. Esto es importante, ya que es este
último sector el que más cesáreas presenta. Sólo
en 2015, las cesáreas en el sistema privado fueron
de un 69%, mientras que en el público fue de un
40,9% (9). Pese a lo anterior la situación que más
preocupa hoy en día, puesto que involucra recur-
sos públicos, es la de las mujeres aseguradas en
FONASA, que tienen sus partos bajo la Modalidad
de Libre Elección (MLE) vía Pago Asociado a
Diagnóstico (PAD), en este grupo las cesáreas al-
canzan un 74,8%, de acuerdo a datos entregados
por el Departamento de Ciclo Vital del Minsal, en
2017.
Al desagregar las cifras nacionales del sistema
privado, resulta más impresionante aún lo que en
ese sector ocurre, de hecho la única región que
tiene una tasa menor a un 70% de cesáreas es la
Metropolitana que tiene un 57%, la que le si-
gue es la de Los Lagos que tiene un 73,6%. Las
regiones con las tasas de cesáreas más altas son:
Bio-Bio (91%) Arica (87%), O’Higgins (86,4%) y
Magallanes (85,9%) (9).
Pese a lo anterior, en el sistema público también
hay situaciones igualmente preocupantes, como las
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