la Mujer) declara que“ La violencia contra la mujer es una forma de discriminación que impide gravemente que goce de derechos y libertades en pie de igualdad con el hombre”( 1). Es así como reconoce que estas formas particulares de violencia tienen como sustento la figura de inequidad entre ambos géneros. Los esterotipos de género se configuran como una de las causas y a la vez consecuencia de la violencia de género( 2).
El ambiente laboral es un lugar donde se expresa la violencia de género mediante diversas formas, incluyendo discriminación hacia las mujeres y acoso sexual. En medicina, a pesar de ser una sociedad en la cual las mujeres tienen un mayor poder económico y social, no está exenta de discriminación de género( 3). Así, en la última década se han develado múltiples casos de discriminación y acoso sexual en los establecimientos de salud.
El objetivo de este artículo es generar una revisión de la literatura y conceptualización sobre acoso y discriminación de género en la práctica médica. Esta revisión se inicia por la caracterización del contexto histórico de la mujer en la práctica laboral. Luego, se analiza el rol de las mujeres en la práctica médica, sintetizando inequidades y discriminación de género en la misma. Finalmente, el texto aborda el acoso sexual en la práctica médica, entregando definiciones, estadísticas y posibles formas de abordaje.
DESARROLLO
1.- Inclusión de las mujeres al trabajo remunerado
La división social del trabajo, históricamente ha estado marcada por roles de género( 4). Estos roles son constructos que definen el comportamiento y funciones social y culturalmente aceptados. Así, se condicionan parental, educacional y socioculturalmente diferencias en lo que se espera para cada género en torno a prioridades, preferencias, intereses y ocupaciones( 5). Tradicionalmente las mujeres asumen las tareas vinculadas al espacio privado( hogar), tales como la reproducción, crianza, alimentación, vestimenta y cuidado de enfermos( 1). En contraste, los hombres tienen su función en la esfera pública, protagonizando el trabajo remunerado.
Durante la revolución industrial, las mujeres empiezan su incorporación al mercado laboral. Sin embargo, esta incorporación no se acompaña de una distribución equitativa del trabajo doméstico con el género masculino. Esto provoca que las mujeres cumplan lo que se ha llamado una“ doble jornada” laboral: no remunerado en su hogar y remunerado fuera de éste.
Posterior a este periodo se desarrolla un contexto sanitario adverso, con alta mortalidad infantil, que provoca la retirada relativa de las mujeres del mercado de trabajo asalariado. Esto significó una derrota para las mujeres en el seno de la clase obrera y un retroceso en términos de ideas para la clase obrera en su conjunto( 6).
En el transcurso del siglo XX, el acceso a la educación superior modifica el escenario laboral en Chile. Así, se genera un ingreso masivo de mujeres a las Universidades( décadas de 1960 y 1970)( 7), instituciones previamente exclusivas para hombres. Esto, acompañado del progresivo aumento de las mujeres al mercado laboral, provoca que al 2012 la fuerza laboral femenina representa un 42,4 % de la fuerza laboral del país( 8). En el contexto de una cultura patriarcal dominante, la incorporación de las mujeres al trabajo remunerado ha estado marcada por prácticas discriminatorias. Un ejemplo de esto es la brecha salarial entre hombres y mujeres, la cual al 2012 alcanza un 18 %, aumentando sustancialmente con la edad de la mujer( 64,2 % a los 60 años)( 9). Otro ejemplo está en el acceso limitado que tienen las mujeres a cargos de poder. Cifras señalan que sólo un 21,7 % de los cargos de alto poder son ocupados por mujeres en el ámbito público y privado( 10).
A nivel internacional, la inclusión de la mujer en la fuerza laboral remunerada es parte de los objetivos de la agenda mundial de la ONU en los Objetivos de Desarrollo del Milenio( ODM). Al respecto, el 3 º objetivo de los ODM es“ Promover la Igualdad de género y el empoderamiento de la mujer”, planteando múltiples medidas para garantizar la participación efectiva de las mujeres y la igualdad de oportunidades de liderazgo en todos los ámbitos de toma de decisiones políticas, económicas y públicas( 11).
2.- Mujeres en la práctica médica: visión histórica y desafíos
Ya en el siglo III a. C. hay relatos de la antigua Grecia que mencionan a una mujer, Agnódice, como una importante figura femenina que ejerció la medicina en Grecia. Agnódice fue discípula de Hérofilo en Alejandría y luego retornó a sus tierras, en una época donde estaba prohibido el ejercicio de la medicina por mujeres. Esto la obligó a adoptar una apariencia física masculina en función de poder ejercer. Sin embargo, fue descubierta y acusada de conducta inmoral por sus
Crispi F., et al.
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