CRÍMENES POLACOS CONTRA LOS ALEMANES ÉTNICOS EN POLONIA crimenes_polacos | Page 134
labrador Muehlheim de Wilhelmsau, el labrador Mikos de Biechowo, el labrador
Grawunder de Sendschau y otros más. Supe que fueron muertos, de esta manera,
unos 15 a 20 alemanes, en total. Los cadáveres fueron enterrados cerca de la
estación de Klodawa.
Entre los sobrevivientes, fuimos reunidos juntamente con los heridos, y apretados
en vagón. El tren siguió. Al aclarar, verificamos que dos gravemente heridos habían
muerto. Debo declarar que los heridos ni habían sido tratados por el personal de la
asistencia. Los dos muertos fueron enterrados en la proximidad de la línea férrea por
dos de nuestros compañeros, designados para ese fin por los polacos. La noche, los
gravemente heridos fueron trasladados a un vagón, logramos finalmente la
transferencia de los gravemente heridos a un lazareto.
Teniendo la situación militar quedando bastante crítica, fuimos desembarcados
de nuestros vagones, abiertos, y conducidos, hacia el este, a pie. La mayoría de los
compañeros fueron descalzos como salieron de los vagones. Aunque pareció, que en
el choque de la locomotora, un hombre del escolta y fue herido, otro, no tengo dudas
que el choque fue intencional para hacer daño a los alemanes. El hecho se evi denc i a
también por las amenazas, apenas mencionadas, de los ferroviarios polacos.
88. El camino de la muerte a Kutno. Relato del gerente Wilhelm Romann, de
Wongrowitz.
El testigo Wilhelm Romann, depuso el 22 de septiembre de 1939, bajo juramento:
El viernes 1 de septiembre de 1939, por las 16 horas, fui preso por un policía y un
policía auxiliar que me presentaron una cédula encarnada, firmada por la "estarosta",
siendo conducido a la comisaría de policía. Le pregunté al comandante de la policía,
Nowak, lo que había en lo que respecta a mí. Pero nada me supo decir.
El "estarosta" de Wongrowitz se llamaba Zenkteller. Me llevaba bien con las
autoridades de Wongrowitz, así como con sus jefes; sin embargo, lograron ponerme
en la lista negra. De la comisaría me llevaron a la comisaria, donde me encer r a r on, a
mí, y al profesor alemán Heuchel, en dos cubículos extremadamente sucios. Pudimos
entendernos a través de la pared. Para poder respirar, golpeé luego la ventana.
Al día siguiente, día 2-9-1939, la ciudad fue bombardeada. En la noche del mi s mo
día, nos hicieron salir de las celdas. Éramos en total 52 internados. Nos fuimos a pi e,
bajo escolta policial, hasta Elsena u. El invalido de guerra Kiok, de 65 años de edad,
pudo ir en un carro. En Elsenau fuimos embarcados en un tren de pasajeros, después
de pagar, cada uno, cuatro zloty. Durante la noche, nos quedamos en una estación,
dentro del coche cuyas ventanas no pudimos abrir. Los hombres de la escolta nos
dijeron, aquella noche, varias veces, que era mejor matar los a todos a balas.
En la mañana siguiente, el tren partió hacia Gnesen, donde pasamos el domingo
todo parados en la estación, sin poder salir del auto. Varias veces nos arrojaron
piedras y botellas, y los ferrocarriles también participaron de ese maltrato. En la
noche del domingo partimos hacia Thorn. En esa estación, el tren fue nuevamente
bombardeado con piedras, también por soldados y ferroviarios. A quien más se