Género, seguridad alimentaria y cambio climático
con cambio climático. De las personas beneficiarias de 63 programas dirigidos al
campo, las mujeres constituían el 42.1% (Robles, 2009). Sin embargo, quitando
Oportunidades, ese porcentaje se reduce al 14% (incluido ahí el Procampo),
aunque ellas sean el grupo poblacional más numeroso del medio rural.
Pese a tantos años de fomento productivo en el traspatio, este valioso
espacio ocupa un lugar irrelevante en las estrategias para abatir el hambre y
para mejorar la biodiversidad. Algunos factores que influyen en ello son la
insignificante asignación de recursos para su desarrollo (los microcréditos son
la norma) y las deficiencias en asistencia técnica y asesoría administrativa y
financiera, pues no es lo mismo tener un huerto familiar para el autoconsumo
que un colectivo para proyectar esta actividad al mercado local o regional. Tras
estas deficiencias se halla la idea de “ingreso marginal” del trabajo de las mujeres
rurales, y una visión tradicional de la feminidad y del orden social y sexual
de la vida rural que agrava las inequidades de género y que impide potenciar
estas alternativas productivas y ecológicas que desarrollan las mujeres rurales.
La parcela agrícola
Algunas mujeres han rentado parcela para la producción
de autoconsumo (Trinitaria, Chiapas). Se mantiene todavía
la ayuda mutua, aunque los terrenos de producción son
pequeños y muy gastados (Valles centrales, Oaxaca).
Hay una idea muy extendida en el sentido de que se feminiza la agricultura
campesina, pero la población económicamente activa rural no muestra un
aumento significativo de mujeres que cultiven la tierra (11%) (Pacheco, 2011).
Sin embargo, hay indicios que hacen pensar en una subestimación del dato,
como el alto porcentaje (45%) de usuarias atendidas por el Programa Nacional
de Jornaleros (Barrón, 2007). A pesar de la falta de claridad en los datos, lo
cierto es que las mujeres rurales siempre han participado en la agricultura
parcelaria (Cobo, et al. 2008). Esclarecer el punto es importante para saber cuál
es el papel que juegan hoy las mujeres rurales en la producción de alimentos
y qué tanto su participación incide en el tipo de cultivos, la tecnología y los
insumos, el destino de los productos, el consumo y la alimentación. Para los
fines de esta ponencia, conviene preguntarnos si aportan ideas y prácticas que
contrarrestan el efecto invernadero. Un testimonio interesante apunta en esa
dirección:
Sembramos algunas verduras y maíz para el consumo pero
estamos dejando de usar tantos químicos porque eso daña
la tierra, usamos más las formas de antes, como lo hacían
nuestros padres que araban la tierra y le ponían abono
orgánico (La Trinitaria, Chiapas).
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