Introducción. Construyendo alternativas frente a la crisis alimentaria
Espinosa y Martha Patricia Castañeda hace una interesante propuesta para
abordar la cuestión alimentaria y cómo es afectada por el cambio climático
desde la perspectiva de equidad de género. Las autoras parten del traspatio
de la unidad doméstica campesina, donde las mujeres, con su trabajo y sus
conocimientos, producen una cantidad importante de alimentos, medicinas y
otros recursos, contribuyendo con ello a la conservación de la biodiversidad.
Intercalan fragmentos de entrevistas a mujeres campesinas de distintas regiones,
en los que se constata el dramatismo del deterioro ecológico (tendríamos nuestras
dudas de generalizar los efectos mencionados sin más como cambio climático)
y sus efectos en la calidad alimentaria y de vida de las familias campesinas.
Contrapuntean las evidencias de esta realidad con la situación desventajosa de
las mujeres campesinas y las condiciones de pobreza, desestímulo a la agricultura
y migración, que han adjudicado a las mujeres mayores responsabilidades.
Destacan cómo las mujeres hacen lo imposible por asegurar la alimentación de
la familia, aun en detrimento de su propia salud, y nos dejan con la reflexión
de que hace falta mucho trabajo para valorar el traspatio y la aportación de las
mujeres campesinas a la alimentación, en un contexto de deterioro y pérdida
creciente de recursos naturales antes disponibles para la manutención de sus
familias.
Con el segundo capítulo, Jesús Madera y Jazmín Vargas, nos acercan a
la realidad de la comunidad nayarita La Puerta de Platanares, cuya economía
se basa en la producción de café. Los autores describen las estrategias de los
productores de este grano para desarrollarse y lograr “que no haya hambre”,
identificando la base campesina de dichas estrategias. Hacen un breve recuento
de la historia agraria, social y productiva de la comunidad, y su tránsito del
cultivo de maíz a la producción de plátano macho y posteriormente de café
en los años setenta. El texto nos hace un recorrido de la comunidad con este
último cultivo comercial, desde una época de bonanza en los años setenta a
la crisis mundial del cultivo a fines de los años ochenta y la implantación de
medidas políticas neoliberales, que para el caso del café significó la desaparición
de instituciones que apoyaban a los productores, como el Instituto Mexicano
del Café (Inmecafé).
Se hace una reseña de los tiempos actuales, en los que aún hay productores
de café que sortean las dificultades por su cuenta y, se describe la creciente
importancia del cultivo de la piña para exportación, que en muchas ocasiones
no alcanza a cubrir las necesidades de los productores, por lo que la migración
a Estados Unidos ha crecido en los últimos años, con sus consecuencias de
disgregación familiar. La comunidad ha intentado otros medios de sobrevivencia,
como la puesta en marcha de un balneario ejidal, el cultivo de arrayán, nanche,
nopal, lima y plátano. Constatan también la pluriactividad de sus habitantes, al
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