Crisis Civilizatoria | Page 130

Elena Lazos Chavero l Libertad Castro Introducción Los conflictos político-económicos y las transformaciones socio-culturales generadas alrededor de la innovación, introducción y regulación de la biotecnología moderna, particularmente la referente a los organismos genéticamente modificados (OGM) han sido escasamente tomadas en cuenta para las políticas agrícolas y de desarrollo, aún en los países firmantes del Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología (Catacora-Vargas, 2012:3). Aunque en el propio Protocolo se reconozca el “vasto potencial latente en la biotecnología,” también se debe destacar la importancia para la humanidad de la conservación de los centros de origen y de diversidad genética y se debe reconocer que no todos los países tienen las mismas capacidades de regular y reglamentar los OGM (Protocolo de Cartagena, 2000:1-2). En particular, para entender el contexto y el origen de este trabajo, nos interesa resaltar el Artículo 26 del Protocolo, el cual recomienda a las partes tomar en consideración las consecuencias socioeconómicos que podrían generar las importaciones e introducciones de OGM en la conservación y uso sustentable de la diversidad biológica, especialmente en relación con el valor que ésta tiene para las comunidades indígenas y locales (Protocolo de Cartagena, 2000:20). La interpretación de este artículo ha llevado a posiciones contrarias, desde su lectura restringida y descontextualizada del resto del Protocolo y del Convenio de la Diversidad Biológica, por lo que argumentan que los aspectos socioeconómicos no son relevantes y deben ser considerados de forma optativa (Falk-Zepeda, 2009; Falk-Zepeda y Zambrano, 2011) hasta las posiciones que relacionan el artículo con el resto del Protocolo y a la luz del Convenio de Diversidad Biológica por lo que argumentan que se deben incluir los aspectos socioeconómicos en el manejo y evaluación del riesgo en todos los procedimientos regulatorios de los OGM, particularmente importantes para los países centros de origen y de diversidad genética (Khwaja, 2002; MacKenzie et al., 2003; Chauvet, 2009; Catacora-Vargas, 2012). Inclusive, reconocen los derechos soberanos de los Estados en esta toma de decisiones y establecen su importancia por su transversalidad al incluir los procesos de decisión en la importación y manejo de los OGM (Catacora-Vargas, 2012). Además, el artículo 26 considera la participación de las comunidades indígenas en países centros de origen y de diversificación de cultivos fundamentales en sus vidas. Esto lleva a cuestionamientos sobre el significado de la construcción de la participación: la representatividad de la diversidad del público, el compromiso de los gobiernos a seguir las opiniones expresadas en los foros, la información vertida, la estructura de poder, la transparencia de los procesos (Bütschi y Nentwich, 2002; Hagendijk e Irwin, 2006; Levidow, 2007). Por esto, tener estudios que nos permitan conocer las percepciones y perspectivas de los distintos actores involucrados en los posibles impactos 128