CRIMEN Y CASTIGO - FIÓDOR DOSTOYEVSKI | Page 433

Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski Al ver a Raskolnikof volvió a la realidad y se turbó. Se fue hacia él, presuroso. -Rodion Romanovitch, amigo mío, perdóneme... Ya ve usted que... Usted no tiene nada que hacer aquí... Yo soy el primer sorprendido, como puede usted ver... Váyase, se lo ruego... Y le cogió del brazo, indicándole la puerta. -Esto ha sido inesperado para usted, ¿verdad? -dijo Raskolnikof, que, dándose cuenta de todo, había cobrado ánimos. -Tampoco usted lo esperaba, amigo mío. Su mano tiembla.¡Je, je, je! -También usted está temblando, Porfirio Petrovitch. -Desde luego, no ha sido una sorpresa para mí. Estaban ya junto a la puerta. Porfirio esperaba con impaciencia que se marchara Raskolnikof. El joven preguntó de pronto: -Entonces, ¿no me muestra usted la sorpresa? -¡Le están castañeteando los dientes y miren ustedes cómo habla! ¡Es usted un hombre cáustico! ¡Bueno, hasta la vista! -Yo creo que sería mejor que nos dijéramos adiós. -Será lo que Dios quiera, lo que Dios quiera -gruñó Porfirio con una sonrisa sarcástica. Al cruzar la oficina, Raskolnikof advirtió que varios empleados le miraban fijamente. Al llegar a la antesala vio que, entre otras personas, estaban los dos porteros de la casa del crimen, aquellos a los que él había pedido días atrás que lo llevaran a la comisaría. De su actitud se deducía que esperaban algo. Apenas llegó a la escalera, oyó que le llamaba Porfirio Petrovitch. Se volvió y vio que el juez de instrucción corría hacia él, jadeante. -Sólo dos palabras, Rodion Romanovitch. Este asunto terminará como Dios quiera, pero yo tendré que hacerle todavía, por pura fórmula, algunas preguntas. Nos volveremos a ver, ¿no? Porfirio se había detenido ante él, sonriente. -¿No? -repitió. Al parecer, deseaba añadir algo, pero no dijo nada más. StudioCreativo ¡Puro Arte! Página 432