CRIMEN Y CASTIGO - FIÓDOR DOSTOYEVSKI | Page 409

Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski ahora se dirigía a la mesa, e inmediatamente después se acercaba a la ventana, para volver en seguida al lado de la mesa. En sus paseos rehuía la mirada retadora de Raskolnikof, después de lo cual se detenía de pronto y le miraba a la cara fijamente. Era extraño el espectáculo que ofrecía aquel cuerpo rechoncho, cuyas evoluciones recordaban las de una pelota que rebotase de una a otra pared. Porfirio Petrovitch continuó: -Nada nos apremia. Tenemos tiempo de sobra... ¿Fuma usted? ¿Acaso no tiene tabaco? Tenga un cigarrillo... Aunque le recibo aquí, mis habitaciones están allí, detrás de ese tabique. El Estado corre con los gastos. Si no las habito es porque necesitan ciertas reparaciones. Por cierto que ya están casi terminadas. Es magnífico eso de tener una casa pagada por el Estado. ¿No opina usted así? -En efecto, es una cosa magnífica -repuso Raskolnikof, mirándole casi burlonamente. -Una cosa magnífica, una cosa magnífica -repetía Porfirio Petrovitch distraídamente-. ¡Sí, una cosa magnífica! -gritó, deteniéndose de súbito a dos pasos del joven. La continua y estúpida repetición de aquella frase referente a las ventajas de tener casa gratuita contrastaba extrañamente, por su vulgaridad, con la mirada grave, profunda y enigmática que el juez de instrucción fijaba en Raskolnikof en aquel momento. Esto no hizo sino acrecentar la cólera del joven, que, sin poder contenerse, lanzó a Porfirio Petrovitch un reto lleno de ironía e imprudente en extremo. -Bien sé -empezó a decir con una insolencia que, evidentemente, le llenaba de satisfacción- que es un principio, una regla para todos los jueces, comenzar hablando de cosas sin importancia, o de cosas serias, -si usted quiere, pero que no tienen nada que ver con el asunto que interesa. El objeto de esta táctica es alentar, por decirlo así, o distraer a la persona que interrogan, StudioCreativo ¡Puro Arte! Página 408