CRIMEN Y CASTIGO - FIÓDOR DOSTOYEVSKI | Page 407

Crimen y Castigo - Fiódor Dostoyewski inquietudes, aquellas inquietudes rayanas en el terror, eran más angustiosas. Mientras reflexionaba en todo esto y se preparaba para una nueva lucha, Raskolnikof empezó a temblar de pronto, y se enfureció ante la idea de que aquel temblor podía ser de miedo, miedo a la entrevista que iba a tener con el odioso Porfirio Petrovitch. Pensar que iba a volver a ver a aquel hombre le inquietaba profundamente. Hasta tal extremo le odiaba, que temía incluso que aquel odio le traicionase, y esto le produjo una cólera tan violenta, que detuvo en seco su temblor. Se dispuso a presentarse a Porfirio en actitud fría e insolente y se prometió a sí mismo hablar lo menos posible, vigilar a su adversario, permanecer en guardia y dominar su irascible temperamento. En este momento le llamaron al despacho de Porfirio Petrovitch. El juez de instrucción estaba solo en aquel momento. En el despacho, de medianas dimensiones, había una gran mesa de escritorio, un armario y varias sillas. Todo este mobiliario era de madera amarilla y te pagaba el Estado. En la pared del fondo había una puerta cerrada. Por lo tanto, debía de haber otras dependencias tras aquella pared. Cuando entró Raskolnikof, Porfirio cerró tras él la puerta inmediatamente y los dos quedaron solos. El juez recibió a su visitante con gesto alegre y amable; pero, poco después, Raskolnikof advirtió que daba muestras de cierta violencia. Era como si le hubieran sorprendido ocupado en alguna operación secreta. Porfirio le tendió las dos manos. -¡Ah! He aquí a nuestro respetable amigo en nuestros parajes. Siéntese, querido... Pero ahora caigo en que tal vez le disguste que le haya llamado «respetable» y «querido» así, tout court . Le ruego que no tome esto como una familiaridad. Siéntese en el sofá, haga el favor. StudioCreativo ¡Puro Arte! Página 406 Comentario [L43]: Sin más ni más.