cambio y se turbó. Aquel hombre le inspiraba una gran desconfianza. Ajustó su
paso al de él.
Estaban ya en la calle.
Yo voy hacia la izquierda dijo Svidrigailof , y usted hacia la derecha. O al
revés, si usted lo prefiere. El caso es que nos separemos. Adiós. Mon plaisir.
Celebraré volver a verle.
Y tomó la dirección de la plaza del Mercado.
V
Raskolnikof le alcanzó y se puso a su lado.
¿Qué significa esto? exclamó Svidrigailof . Ya le he dicho a usted que...
Esto significa que no le dejo a usted.
¿Cómo?
Los dos se detuvieron y estuvieron un momento mirándose.
Lo que usted me ha contado en su embriaguez me demuestra que, lejos de
haber renunciado a sus odiosos proyectos contra mi hermana, se ocupa en
ellos más que nunca. Sé que esta mañana ha recibido una carta. Usted puede
haber encontrado una prometida en sus vagabundeos, pero esto no quiere
decir nada. Necesito convencerme por mis propios ojos.
A Raskolnikof le habría sido difícil explicar qué era lo que quería ver por sí
mismo.
¿Quiere usted que llame a la policía?
Llámela.
Se detuvieron de nuevo y se miraron a la cara. Al fin, el rostro de Svidrigailof
cambió de expresión. Viendo que sus amenazas no intimidaban a Raskolnikof
lo más mínimo, dijo de pronto, en el tono más amistoso y alegre:
¡Es usted el colmo! Me he abstenido adrede de hablarle de su asunto, a pesar
de que la curiosidad me devora. He dejado este tema para otro día. Pero usted
es capaz de hacer perder la paciencia a un santo... Puede usted venir si quiere,
pero le advierto que voy a mi casa sólo para un momento: el tiempo necesario
para coger dinero. Luego cerraré la puerta y me iré a las Islas a pasar la noche.
De modo que no adelantará nada viniendo conmigo.
Tengo que ir a su casa. No a su habitación, sino a la de Sonia Simonovna:
quiero excusarme por no haber asistido a los funerales.
Haga usted lo que quiera. Pero le advierto que Sonia Simonovna no está en su
casa. Ha ido a llevar a los huérfanos a una noble y anciana dama, conocida
mía y que está al frente de varios orfelinatos. Me he captado a esta señora
entregándole dinero para los tres niños de Catalina Ivanovna, más un donativo
para las instituciones. Finalmente, le he contado la historia de Sonia
Simonovna sin omitir detalle, y esto le ha producido un efecto del que no puede
tener usted idea. Ello explica que Sonia Simonovna haya recibido una
invitación para presentarse hoy mismo en el hotel donde se hospeda esa
distinguida señora desde su regreso del campo.
No importa.
Haga usted lo que quiera, pero yo no iré con usted cuando salga de casa.
¿Para qué...? Óigame: estoy convencido de que usted desconfía de mí sólo
porque he tenido la delicadeza de no hacerle preguntas enojosas... Usted ha
interpretado erróneamente mi actitud. Juraría que es esto. Sea usted también
delicado conmigo.
¿Con usted, que escucha detrás de las puertas?
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