Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 945

En cuanto al sentido, se extrae a partir de la identificación de la idea central alrededor de la cual se conjuga la información. Identificarlo supone reconocer la cadena de núcleos semánticos que van desarrollando la progresión del tema, lo cual implica un ejercicio de abstracción, ya que mientras se lee (o conversa), se va tejiendo una red de significados que permiten mantener y recordar el “hilo” de la comunicación para luego, poder aplicarlo en otro contexto cuando sea necesario. Este proceso exige un ejercicio de “atención voluntaria” (Riestra, 2006) porque la idea central hay que inferirla a partir de la puesta en comunión de toda la información disponible. Identificar y extraer el sentido del texto, entonces, significa apropiarnos del referente, del contenido temático o del “conjunto de las informaciones presentadas” (Bronckart: 2004, 62) y su progresión lineal. Implica poder comprender las interrelaciones de coherencia entre los conceptos principales y los secundarios, entre otras operaciones propias de la lectura, como la decodificación. Gracias a esta identificación, podemos especificar la intención del autor. Por lo que respecta a la forma de los textos, se define como la infraestructura textual, es decir, los modos bajo los cuales se puede organizar interiormente la información en una actividad de textualización. Aquí entran en juego los tipos de discurso y las secuencias textuales, cuyo conocimiento favorece la comprensión de los textos (desciframiento de la información, construcción de hipótesis, interrelaciones con otros ejes temáticos, etc.) y su producción. Por eso, señala Adam, en relación con las secuencias, (Ob. Cit., 2) que “las dificultades de comprensión de textos orales y escritos que experimentan los sujetos novatos o expertos parecen tener su explicación, al menos en parte, en la falta de manejo de esquemas textuales prototípicos”. Investigación y Práctica en Didáctica de las Lenguas 931