Congresos y Jornadas Didáctica de las Lenguas y las Literaturas - 2 | Page 449
inclinación que el hablante imprime a lo que dice. Numerosas son las
opciones disponibles en nuestra lengua para codificar la modalidad; muchas de ellas están vinculadas a la flexión verbal y sus rasgos de persona, número, tiempo, aspecto y modo. Como sabemos,
el paradigma de opciones verbales en español se organiza en tiempos verbales agrupados en tres modos cuya definición, compleja y
polémica, suele fundarse en un criterio sintáctico, según las dependencias sintácticas que admiten, o en los contrastes de actitud que
habilitan (Kovacci 1990: 38). De acuerdo con el primero, el modo indicativo comprende formas “que son o pueden ser regidas por los
verbos saber o afirmar, no precedidos de negación” (Bello 1847: 455),
el modo subjuntivo común, aquellas que “se subordinan o pueden
subordinarse a los verbos dudar o desear” (Bello 1847: 457) y el modo
imperativo aquellas que no se subordinan ni pueden estar subordinadas a otro verbo. De acuerdo con el segundo, el imperativo es
siempre propio del estilo directo de la apelación, el indicativo permite evaluar los hechos que se ponen en juego en el intercambio
como reales o efectivos (o posibles siempre que se cumplan determinadas condiciones) y el subjuntivo introduce los hechos intercambiados como ficticios (Alarcos Llorach 1994: 154). Este panorama
excesivamente básico se complejiza notablemente en el uso: la opción más directa y simple para solicitar una acci