Manuel A. Muñiz y su colección de cráneos
tutela del Dr. Casimiro Ulloa. Así es que llegó a viajar a Europa a conocer la realidad del manejo moderno de las enfermedades mentales. En Lima, el Dr. Muñiz había dejado una realidad cruel, donde los « dementes » eran aislados y hasta encadenados. A su retorno al país, habiendo fallecido su mentor, inició una cruzada personal por la mejora del trato anacrónico que recibían en el Hospital de la Misericordia que, para colmo de males, estaba sobreocupado.
Durante su viaje a Europa, aparte de visitar ejemplares hospitales psiquiátricos, Muñiz había asistido a la Exposición Universal de París( 1889) por el centenario de la Revolución Francesa; y había entrado en contacto con los líderes del alienismo, así como de la frenología y la eugenesia. Luis Alberto Sánchez menciona que su tío también ejerció la – felizmente ahora vetusta – frenología. No podemos sino entender tal práctica en el contexto de su propia época. Dado su sesgo por los cráneos, no es difícil imaginarnos al Dr. Muñiz palpando las cabezas de sus pacientes en Lima, al lado de estantes atiborrados de cráneos precolombinos. ¡ Menudo espectáculo!
En París, Muñiz también debió de haber admirado las colecciones del célebre y recientemente fallecido, Dr. Paul Broca. El sabio francés fue el primero que reconoció que, al observar el cráneo trepanado de un individuo precolombino del área de Yucay( Cusco), éste indudablemente había sobrevivido la operación. Quien había hecho la consulta con el sabio fue el diplomático, viajero y escritor norteamericano, Ephraim Squier, quien lo había adquirido y deseaba salir de toda duda. Siendo enviado especial del gobierno de Abraham Lincoln al Perú por un tema vinculado a las islas guaneras, su curiosidad lo llevó a documentar, sobre todo, numerosos monumentos arqueológicos. Llegado el cráneo en los Estados Unidos, su presentación en círculos científicos ad hoc de Nueva Inglaterra, no llegó a ningún consenso. Squier dio el gran salto y llegó a París.
Es probable que la experiencia en la Exposición Universal haya, por un lado, estimulado su craneocentrismo original, así como le hubiera motivado a participar, mejor preparado, en la siguiente ocasión de categoría semejante: la Exposición Mundial de Chicago( 1893) por el 4 ° centenario del Descubrimiento de América. Efectivamente, el Dr. Muñiz escogió 19 de sus mejores ejemplares y marchó a Chicago, sor-
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