El Proyecto Huayo
mica— ayudando a coleccionistas y museos extranjeros en el desentierro y compra de objetos mortuorios y restos humanos peruanos( Steinberg y Prost, 2007; Fabian, 2010). Entre sus clientes se encontraban la Smithsonian Institution y el Museo Médico del Ejército de los Estados Unidos( AMM, por sus siglas en inglés) en Washington, D. C., y en junio de 1888 escribió al director del AMM, J. S. Billings, que tenía una colección de dos piezas de cerámica y 88 cráneos muchos de los cuales eran de un tipo estrecho y oblongo « peculiar de la tribu de los aymareas [ sic ]» que tenía « en las alturas de San Mateo, en el valle del Rímac »( Kiefer, 1888). Creemos que se trataba de San Mateo de Huánchor.
Un detalle notable, explicó Kiefer a Billings, fue que « Usted, señor, encontrará muchos de los cráneos de montaña con la cara recortada ». Pero Kiefer creía que « En mi última expedición tuve la suerte de encontrar una máscara que se lo explicaba todo ». La máscara estaba hecha con el hueso frontal de un cráneo, que Kiefer creía que « llevaban los guerreros cuando luchaban contra tribus inferiores ». Había pegado « una mandíbula a la parte de la máscara encontrada para que os hagáis una idea de cómo solían [ sic ] unirlas, utilizando una sustancia parecida a la tripa de gato para sujetar la mandíbula en el encaje. Los agujeros de la parte superior servían de cuerdas para sujetar la máscara a la cara ». Por cada cráneo, Kiefer pedía 3 dólares « en promedio ya que algunos valen más otros menos »( Kiefer, 1888).
El Museo Médico del Ejército compró la colección de Kiefer, donde la máscara en cuestión recibió el número 2973. En mayo de 1898, la colección « antropológica » del Museo Médico del Ejército fue transferida al Museo Nacional de EE. UU. del Smithsonian, donde recibió un nuevo número, el 242.477. Pero para entonces ya no estaba etiquetada como máscara. Ahora era un cráneo « indio » de « Huarochirí », y se leía no como elaborado, sino como « Dañado( sólo huesos faciales y mandíbula inferior)»( USNM, 1898). Parece haber pasado desapercibido hasta que el autor( Dr. Christopher Heaney) estaba revisando la correspondencia entre Kiefer y Billings como parte de su investigación sobre la recolección de los muertos andinos( Heaney, 2022, 2023). La primera vez que vio esa carta fue en 2012, pero no fue hasta los últimos meses de 2019, tras releer el Manuscrito quechua de Huarochirí a la luz de un en-
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