Congreso Yauyos (Final) | Page 246

Carla Hernández
tintas etapas del mismo proceso histórico. Este silenciamiento ocurre en distintas etapas: cuando las fuentes se forman, cuando se archivan, cuando se consultan, y cuando se interpretan. Al ser un proceso continuo, normalizamos la idea de que existe una sola historia que contar o que hay voces que se han perdido, cuando en efecto nuestras propias expectativas y sesgos son partes del silenciamiento.
Considero que el mismo proceso existe cuando en la interpretación arqueológica, en particular cuando el tema de estudio es la interacción entre comunidades e imperios. Los edificios y mampostería Inka y españoles, por ejemplo, son claramente distintos de edificios previos en los Andes y es clara la intencionalidad detrás de esta diferenciación. Sin embargo, estos espacios no son solo una materialización descontextualizada de los mensajes de un imperio. Fueron incorporados en paisajes llenos de experiencias vividas y significados, y convivieron con comunidades con una larga historia. Del mismo modo, no podemos garantizar que las expectativas discursivas de un imperio hayan sido aprehendidas tal como se planeaba por las distintas sociedades andinas. Nosotros, desde el presente, somos también culpables de enfatizar el mensaje imperial como un hecho uniformemente entendido y adoptado en distintos contextos, sin preguntarnos el modo en que estos espacios fueron entendidos y contextualizados a través de los patrones espaciales locales. No niego la intencionalidad o incluso eficiencia de los espacios asociados con las políticas de expansión imperial. Por el contrario, buscó abrir la puerta a una discusión sobre la ambivalencia implícita en ellos, lo que White( 1991) denomina como el « middle-ground » o « espacio medio », en que podemos encontrar nuevos discursos, nuevas lecturas, o incluso mensajes inesperados, coexistiendo.
En esta sección, propongo una mirada alterna para dos espacios que típicamente caracterizan la política imperial tanto de los inkas como de los españoles. Para los primeros, las plazas, y para los segundos, las iglesias. No es de extrañar que ambos ejemplos representan casos en que el poder político queda inextricablemente enlazado con el poder religioso. Para los inkas, las plazas eran espacios de performatividad, en que establecen relaciones de reciprocidad y redistribución con líderes locales, creando nuevos niveles de jerarquía en la organización local que fueran dependientes del poder imperial( Moore, 1996; Morris, 2013).
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