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IDENTIDAD CULTURAL De izquierda a derecha, plato del restaurante del hotel Amanjiwo de cocina indonesia y europea; el artista Soni, toda una celebridad local, y marionetas en Yogyakarta, cuyas pequeñas tiendas exponen y ponen a la venta. año, después de Wimbledon, pasamos un par de días en el Amangiri, en el estado de Utah. Desde aquí iremos al mar, al Amanwana, en la pequeña isla de Moyo, con sus bungalows en la playa. Aquí tenemos programadas visitas culturales a los templos de Borobudur y Prambanan; y será allí donde nos dedicaremos a tomar el sol". Llegar hasta Java no fue coser y cantar para María: tres días antes de salir estaba en Estambul jugando un torneo. El periplo empezó en Praga (en 16 horas jugó dos partidos de exhibición, visitó la Casa Danzante" de su arquitecto favorito, Frank Gehry, y quedó con una amiga), siguió en Moscú (habló con sus fans y comió pelmeni) y, al fin, Singapur, la antesala de Java. "Ya estoy acostumbrada a vivir entre aviones. En Europa, de torneo a torneo, viajo en aviones privados; para las largas distancias elijo vuelos comerciales. Pero por lo general me encanta volar: teléfono apagado y sin correo electrónico… Tiempo para leer o escuchar música. Tampoco tengo problemas para dormir en los aviones, ¡una se acostumbra!, y los transbordos no me impiden descansar". La sesión fotográfica empezó a las siete de la mañana, pero a esas horas María ya había podido contemplar el amanecer desde Borobudur. Lo que, por cierto, era su segundo intento... "Ayer mis amigas y yo vinimos a las cuatro de la madrugada. Llegamos arriba y era todo tan bonito que nos pusimos a hacer fotos y se nos olvidó para qué habíamos venido –cuenta Sharápova entre risas–. Cuando nos dimos cuenta el sol ya estaba alto y decidimos intentarlo de nuevo". María nos enseña en su iPad las fotos que hizo en Borobudur con sus amigas. Las cuatro, como es debido, con el pañuelo que se da a todos los visitantes (al margen de su sexo y vestimenta), atado a la cintura. En Yogyakarta hay talleres abiertos al público. Las javanesas estampan motivos con una prensa especial, aplican bordes de cera y tiñen los elementos restantes, lo enjuagan en grandes tinas medio oxidadas y cuelgan las telas del batik coloreadas en cañas para que se sequen