El papel de México en el Consejo
El compromiso de México con la ONU le ha
permitido satisfacer el mantenimiento de la paz,
la seguridad internacionales entre otros aspectos
señalados en la Carta de las Naciones Unidas.
Históricamente, México ha sido un importante actor
en los esfuerzos de la comunidad internacional por
alcanzar acuerdos de desarme. Para citar algunos
ejemplos, fue el principal promotor del Tratado para
la Proscripción de las Armas Nucleares en América
Latina y el Caribe (Tratado de Tlatelolco) de 1967,
que crea la única zona libre de armas nucleares en
todo el continente americano. Además, contribuyó
en la elaboración del Documento Final del Primer
Periodo Extraordinario de Sesiones de la Asamblea
General de las Naciones Unidas dedicado al
desarme, en 1978, que estableció las directrices y
un Programa de Acción que orientan los trabajos
multilaterales en materia de desarme. En 1982, el
embajador Alfonso García Robles recibió el Premio
Nobel de la Paz por sus contribuciones como
negociador mexicano en el desarme nuclear. Y
durante la década de los ochenta, se encabezaron
los esfuerzos para restituir y mantener la paz en
Centroamérica.
Con la voluntad política de Colombia, México,
Panamá y Venezuela, se creó el Grupo Contadora
para lograr la distensión, el entendimiento político
y la cooperación en la región centroamericana.
Nueva era en políticas exteriores
Si bien, México estuvo ausente del Consejo por casi
20 años, su regreso en 2002 marcó un cambio en la
actual política exterior, en la que se se considera que
la práctica de nuestro país no debe limitarse solo a
aquellos asuntos de seguridad de los podría ver sus
intereses afectados, sino también a aquellos conflictos
o situaciones en los que puede contribuir a su solución
pacífica aprovechando, entre otras cosas, su experiencia.
Entre los temas a tratar y por los cuales México tendrá
que velar con mayor prioridad -tanto en la región de
América Latina como en el Caribe- serán el respeto al
derecho internacional y de los derechos humanos, así
como también equidad de género, cambio climático y
los temas referentes al mundo post COVID-19 en sus
dos vertientes: la de salud pública, como amenaza a
la salud y a la vida de las personas; y, por supuesto, la
económica.
La participación de nuestro país ante el contexto de
la pandemia, es un momento clave para restablecer
relaciones diplomáticas y posicionarse como una
potencia emergente que defienda su vocación pacifista,
que promueva sus acciones de política exterior y genere
consensos en torno al apoyo a la vacuna universal
contra el Coronavirus.
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