Entrevista a Martín Kohan
por Denise Paini, Joaquín Rodríguez y Leandro Turco
Macedonio Fernández, en su antología supuestamente autobiográfica
“A fotografiarse” opta por llamar a todas sus facetas -que entrelaza
con historias- “Poses”. Se deriva de esta idea fantástica la concepción
de que cada uno, en distintas situaciones, opta por una figura, una
imagen o fachada que muestra a los demás y en parte (esto ya con un
agregado personal) que se impone a uno mismo. Una perspectiva desde la que analiza lo que ve y oye. Sucede, que frente a Martín Kohan,
uno no sabe cual adoptar. Si alguno de los lectores de esta entrevista
presenció alguna de sus clases o conferencias, podrá entenderme mejor, para los que no, resumiendo para que no tengan que demorarse
de más en una introducción, uno no puede quedarse solo con la pose
con la que escucha a un intelectual de la literatura y más, porque se
pierde el tono, la familiaridad que se intercala a cada paso de su explicación; por otro lado, si solo se espera tener una charla como la que se
tiene con un conocido y no se le presta especial atención, uno puede
perderse algunas aseveraciones y explicaciones fantásticas, y lamentarse luego. Un claro ejemplo de este binomio se puede observar con lo
que nos dijo en uno de los mails que intercambiamos para concertar
esta cita: “Puedo cualquier día a la tarde, salvo por el miércoles que
tengo una mesa en la feria del libro, y el lunes que tengo que ir a ver
Defensores de Belgrano contra Fénix”.
Habiendo tomado plena conciencia de esto, nos sentamos en el bar
“La Orquídea” con dos café con leche, y un jugo, y nos disponemos
a comenzar la charla con una sensación de disrupción interna que
incesantemente intentaremos resolver, no sin antes aclarar una última
cuestión. No vamos a transcribir grismente los “(Risas)” porque hubo
una buena cantidad de ellas y ensucia esta entrevista; los invitamos a
reírse cuando quieran.
J: ¿Cómo salió Fénix-Belgrano?
M: Empató 1 a 1. No es un buen año para defensores.
J: Ah, ¿Sos de defensores?