La libertad. Libertad de estar solo. Qué libertad la puta madre.
Cuantas libertades solas, ninguna se toca, ninguna se roza o ama.
Todas apretadas se molestan, indiferentes, iguales. Ni siquiera se
miran, son libres de no hacerlo. Porteña soledad. Gira este fuelle de
días, anoches, follar, explotar, ahogarse en este boulevard de plástico: Otoño porteno, Invierno Porteño, Primavera Porteña, Verano
Porteño.
Piazzolla por lo menos tengo.
No alcanza la libertad para llenar este lugar tan grande, me deja sordo
esta independencia de andar entre los balbuceos y blablabuceos, entre
palabras que se repiten en todos los tiempos y horas, en todos los que
respiran y los que no, en todos los enojos y llantos que se repiten en el
vacío ser siempre. Las mismas palabras, distintos sentidos,
distintos olvidos. En este desierto donde los granos crecen, y se corrompen contándose cuentos en los que solo ellos creen que no se
cuentan, que son verdad, estos no lugares donde vamos solos.
Y entre tanta gente nadie, absolutamente nadie.
La emergencia de la nada se llena de más nada. Decorado fino. Masas
finas..
Son (soy) pedazos grisesmasa cuando se chocan, se amuchan, un
cadáver sin diferencias, indiferente a todo y todos, somos masa
eléctrica anulando. Somo para adelante lo que somos para con un
peso del antes. Y en el medio algo está vacío. Donde deberíamos estar.
Osea. Justo acá. Ahora, no se sabe. Ergo, no importa.
Somos un fin para un medio, da la casualidad (no la causalidad por
suerte) que siempre hay un fin, el que llega. El abismo es el futuro,
el mañana el abismo de llevarse puesto todo. Escalera, túnel, subte
puerto. Tac, tac, tac, tac. Todo en movimiento para un fin que nunca
llega. Y no, no alcanza con morirse. No hay diferencia, no importa, es
todo lo mismo, y en éste, en esta angustia solamente hago juegos de
palabras diferentes a ninguno. Sin amor no hay ciudad de nada, ni de
Dios ni del Diablo.
Luis