Chubasco en Primavera Nº 6 | Page 39

La libertad. Libertad de estar solo. Qué libertad la puta madre. Cuantas libertades solas, ninguna se toca, ninguna se roza o ama. Todas apretadas se molestan, indiferentes, iguales. Ni siquiera se miran, son libres de no hacerlo. Porteña soledad. Gira este fuelle de días, anoches, follar, explotar, ahogarse en este boulevard de plástico: Otoño porteno, Invierno Porteño, Primavera Porteña, Verano Porteño. Piazzolla por lo menos tengo. No alcanza la libertad para llenar este lugar tan grande, me deja sordo esta independencia de andar entre los balbuceos y blablabuceos, entre palabras que se repiten en todos los tiempos y horas, en todos los que respiran y los que no, en todos los enojos y llantos que se repiten en el vacío ser siempre. Las mismas palabras, distintos sentidos, distintos olvidos. En este desierto donde los granos crecen, y se corrompen contándose cuentos en los que solo ellos creen que no se cuentan, que son verdad, estos no lugares donde vamos solos. Y entre tanta gente nadie, absolutamente nadie. La emergencia de la nada se llena de más nada. Decorado fino. Masas finas.. Son (soy) pedazos grisesmasa cuando se chocan, se amuchan, un cadáver sin diferencias, indiferente a todo y todos, somos masa eléctrica anulando. Somo para adelante lo que somos para con un peso del antes. Y en el medio algo está vacío. Donde deberíamos estar. Osea. Justo acá. Ahora, no se sabe. Ergo, no importa. Somos un fin para un medio, da la casualidad (no la causalidad por suerte) que siempre hay un fin, el que llega. El abismo es el futuro, el mañana el abismo de llevarse puesto todo. Escalera, túnel, subte puerto. Tac, tac, tac, tac. Todo en movimiento para un fin que nunca llega. Y no, no alcanza con morirse. No hay diferencia, no importa, es todo lo mismo, y en éste, en esta angustia solamente hago juegos de palabras diferentes a ninguno. Sin amor no hay ciudad de nada, ni de Dios ni del Diablo. Luis