ESTATUAS DE LA LIBERTAD
La desean quienes no la tienen.
No saben domarla quienes la poseen.
Y en el fango de estos nuevos tiempos,
da miedo reconocer lo que se está perdiendo.
Es el resultado de años de lucha.
Es el premio de lo que parecía una eterna disputa.
Pero ciegos, no recordamos a quienes nos la dieron
y se rigieron por valores, que hoy en día se perdieron.
Debería ir de la mano con la responsabilidad.
Reconocer que tiene límites, aprender de lo que se dejó atrás.
Pero en el mundo de hoy, donde retrocedemos al creer que avanzamos,
la alejamos de compromisos, manipulándola con descaro.
La proclamamos orgullosos, está en boca de todos.
La recordamos algunas veces al año, deshojando un calendario patrio.
Y mientras unos se someten por fideos, otros paralizan calles por sus derechos.
Pero sólo hay un pueblo asustado, que no sabe manejar lo que la historia le ha
heredado.
Iluso creer que el tenerla implica manejarla a tu antojo.
Que podes manipular vidas, o darles fin en un abrir y cerrar de ojos.
Bajarle el pulgar al otro, apartando siempre el espejo.
Estás arando torcido lo que a tu juicio resulta parejo.
No vemos la delgada línea entre la razón y el instinto propio.
No hay conciencia de los altos precios, de las consecuencias de este juego.
Y aún confiados, se deposita el futuro en manos de mentes rasas.
Quienes la permutan por excesos, desconociendo a los que por ella han muerto.
Juventud que cree que sostener un gatillo te da respuestas, soluciones tempranas.
Que aspirar o tomar la regalan, sin ver que la entregan en bandeja de plata.
Ciegos buscamos respuestas, que sólo han de hallarse en el pasado.
A los héroes debemos recordarlos. Pero valer y sostener su lucha, está sólo en
nuestras manos.
Noelia Alagona