¿Va a obligarse a estar callado simplemente porque
desea el respeto y la posición que los hombres le dan?
Muchos de esos creyentes secretos finalmente se
habrán pronunciado y habrán sido expulsados. Otros no
lo habrán hecho, y se perdieron a sí mismos por com-
placer a hombres. Si hubieran confesado al Mashiaj se
habrían sentido mucho mejor. Si usted no fuera un
creyente verdadero, seguramente le daría igual confe-
sar al Mashiaj o no. Pero, debido a que usted es un
creyente genuino, su conciencia lo acusaría si preten-
diese simpatizar con quienes se oponen al Mashiaj.
No hay nada más doloroso que no confesar al Mashiaj
ante los hombres. Este es el mayor de los sufrimientos.
A mí no me gustaría estar en el lugar de aquellos go-
bernantes judíos, porque el sufrimiento que ellos expe-
rimentaron fue muy grande. Si usted no es creyente, no
tiene nada que decir, pero si usted ha creído, lo mejor
que puede hacer y lo que es más fácil y gozoso es salir-
se de la sinagoga.
Quizás le parezca que hay demasiados obstáculos para
hacer esto, pero las experiencias pasadas nos indican
que estos obstáculos serán cada vez mayores, y que su
corazón sufrirá más si no opta por este camino.
Supongamos que usted oye una calumnia contra sus
padres y escucha callado sin hacer nada, o peor aún,
pretende estar de acuerdo con ello. Si usted hace tal
cosa, ¿qué clase de persona es usted? Nuestro Mashiaj
dio Su vida para salvarnos. Si no decimos nada de Mas-
hiaj a quien nosotros adoramos y servimos ¿a qué grado
de cobardía hemos llegado? Debemos ser osados y pro-
clamar: "¡Yo pertenezco al Mashiaj!".
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