daba testimonio diciendo: "Me dijo todo lo que
he hecho". Yahanan/Juan 4:7-30,39
En Yohanan/Juan 4, el Mashíaj le habló a la mujer sa-
maritana acerca del agua de vida. Por medio de esto,
ella comprendió que nadie en la tierra puede hallar
satisfacción en otra cosa que no sea el agua de vida.
Todo el que beba agua de un pozo, no importa cuántas
veces lo haga, volverá a tener sed y nunca estará satis-
fecho. Únicamente al beber del agua que el Mashíaj
nos da, podremos saciar nuestra sed; pues en nuestro
interior brotará una fuente que habrá de saciarnos
continuamente. Solamente este gozo interno puede
satisfacernos de verdad. La mujer samaritana se había
casado cinco veces. Ella se casó con uno y otro hom-
bre; cambió maridos cinco veces; aun así, ella no esta-
ba satisfecha. Ella era de aquellas personas que beben
una y otra vez sin jamás hallar satisfacción, al extremo
que ahora ella vivía con alguien que no era su marido.
Indudablemente, ella era una persona que no había
hallado satisfacción. Pero el Mashíaj era poseedor del
agua de vida que la podía satisfacer.
Cuando el Mashíaj le declaró quien era Él, ella lo reci-
bió. Luego, ella abandonó su cántaro y corrió a la ciu-
dad diciendo: "Vengan, vean a un hombre que me ha
dicho todo cuanto he hecho. ¿No será éste el Mashiaj?"
(pasuk 29). SU PRIMERA REACCIÓN FUE DAR TESTIMO-
NIO. ¿De qué dio testimonio? De Mashiaj. Quizás en la
ciudad todos sabían acerca de ella, pero probablemen-
te no conocían muchas de las cosas que ella había
hecho. Sin embargo, el Mashíaj le dijo todo cuanto ella
había hecho. Esta mujer inmediatamente dio testimo-
nio, diciendo: "¿No será éste el Mashiaj?". En cuanto
ella vio al Mashíaj, abrió sus labios para instar a los
demás a constatar si esta persona era el Mashiaj; Y
COMO RESULTADO DE SUS PALABRAS MUCHOS CREYE-
RON EN EL MASHÍAJ.
Todo creyente tiene la obligación de ser un testigo y
dar a conocer al Mashíaj a los demás. El Mashíaj ha
salvado a una persona tan pecadora como yo. Si Él no
es el Mashiaj, ¿quién más podría ser? Si Él no es el Hijo
de Elohim, ¿quién más podría ser? Tengo la obligación
de proclamar esto. Tengo que abrir mis labios y dar
testimonio. Aunque tal vez no sepa cómo dar un
sermón, ciertamente sé que Él es el Mashiaj, el Hijo de
Elohim, el Salvador designado por Elohim. He visto que
soy un pecador, y yo sé que el Mashíaj me ha salvado.
No puedo explicar lo sucedido conmigo, pero cierta-
mente puedo instar a los demás a que vengan y com-
prueben cuán gran cambio se ha operado en mí. Sim-
plemente no sé cómo sucedió, pero el hecho es que
antes yo me consideraba una persona muy buena, y
ahora reconozco que soy un pecador. El Mashíaj me ha
mostrado mis pecados, cosas que yo no pensaba que
eran pecado. Y ahora sé qué clase de persona soy. En
el pasado, cometí muchos pecados acerca de los cuales
nadie se enteró y de los que ni yo misma me daba
cuenta. Cometí muchos pecados; sin embargo, no los
consideraba pecado. Vengan y vean. ¿No es acaso Él el
Salvador? ¿No es acaso este el Mashiaj? ¿No es este el
Único que nos puede salvar?
Todos aquellos a quienes les ha sido revelado que son
pecadores, ciertamente tienen un testimonio que con-
tar; al igual que todos aquellos que han conocido al
Salvador. La mujer samaritana testificó pocas horas
después de haber conocido al Mashíaj. Ella no dejó
pasar unos años, ni esperó a regresar de una campaña
de avivamiento para dar testimonio, sino que corrió a
la ciudad y testificó. Tan pronto una persona es salva,
inmediatamente debe contar a los demás lo que ha
visto y entendido. No debemos hablar de lo que no
sabemos, ni tratemos de componer un largo discurso,
simplemente demos nuestro testimonio. Este es nues-
tro testimonio de vida.
La ciudad es el mundo, y los hombres de la ciudad son
los incrédulos. Tenemos que llevar el mensaje a los
incrédulos, y dar testimonio al mundo de nuestra nueva
vida.
Al testificar, sólo necesitamos expresar lo que senti-
mos. Podemos decir, por ejemplo: "Antes de creer en
el Mashíaj me sentía tan deprimido, pero ahora que he
creído en Él, me he convertido en una persona feliz. En
el pasado, me esforzaba por conseguir muchas otras
cosas, pero jamás estaba satisfecho. Antes de creer en
el Mashíaj, no podía dormir bien, pero ahora duermo
en paz. La ansiedad y la amargura me consumían, pero
ahora, adondequiera que voy, me acompañan la paz y
el gozo. Ahora poseo shalom dentro de mí". Ciertamen-
te ustedes tienen la capacidad de relatar su propia
experiencia a los demás. No tienen que decirles aquello
que no están en posición de predicar, ni hablar de
aquello que no conocen. No hablen nada que vaya más
allá de lo que conocen o que no corresponda a su con-
dición actual, pues ello podría acarrear controversia.
Simplemente preséntense como testigos vivos y los
demás no tendrán nada que decir.
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