si nosotros, los que hemos sido salvos, deseamos tener
una vida creyente mejor, andar apropiadamente en el
camino del Adón y dar testimonio de Él, es necesario
que pongamos fin a nuestro pasado.
En segundo lugar, darle fin al pasado no responde a las
exigencias de normas externas, sino al mover interno
del Ruaj. Las religiones del mundo se basan en sus nu-
merosos códigos religiosos, y sus seguidores viven y se
conducen en conformidad con esas normas. Pero la sal-
vación que el Adón nos brinda no es así. La salvación
del Adón, por medio de la regeneración del Ruaj haKo-
desh, nos da una vida nueva.
Debido a que tenemos una vida nueva, la vida divina,
ahora podemos vivir y conducirnos en la presencia de
Elohim al basarnos en el sentir de la vida divina y en la
operación del Ruaj en nosotros. Por consiguiente, ter-
minamos con nuestro pasado teniendo como base el
mover del Ruaj. Así, el Ruaj opera en una persona re-
generada y le comunica el sentir de que tiene que po-
ner fin a ciertos asuntos de su pasado, ya que éstos son
incompatibles con la vida nueva de uno que ha creído
en Mashiaj. Todavía más, terminar con el pasado no
constituye un precepto de la asamblea de creyentes,
PERO SI NO LO HACEMOS, SEGUIREMOS CARGANDO CON
LAS COSTUMBRES DEL VIEJO HOMBRE Y NUNCA SOME-
TEREMOS NUESTRA ALMA. La vida que hemos obtenido
es santa, y para que el Ruaj se mueva y opere en nues-
tro ser, necesitamos devolver al alma a su justo lugar.
Por lo tanto, el Ruaj, sin duda alguna, exigirá que noso-
tros, poseedores de la vida kadosh, eliminemos todo
ídolo y todo lo relacionado con ídolos, que nos des-
hagamos de todo lo demoníaco e inmundo, que devol-
vamos lo que debemos, y que demos fin a nuestra vieja
manera de vivir.
Así pues, nuestra responsabilidad consiste en dejarnos
conducir por el Ruaj y permitir que El se mueva libre-
mente en nuestro ser.
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Para ampliar, ver la Serie CUERPO, ALMA Y RUAJ.