CBC 06 - Consagración y Separación | Page 17

No amen al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él; porque todo lo que hay en el mundo –los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la arrogancia de la vida– no proviene del Padre sino del mundo. Y el mundo está pa- sando, y sus deseos; pero el que hace la volun- tad de Elohim permanece para siempre. Ya- hanan Alef/1 Juan 2:15-17 zando el pecado, y por otro, posee al hombre por me- dio del mundo, y por ende, hace que el hombre se aparte de la presencia de Elohim y se pierda. Un estu- dio de Bereshit/Génesis aclarará esta diferencia. Aun- que Adán fue corrompido por el pecado, él no dejó la presencia de Elohim. No fue hasta Bereshit/Génesis 4, cuando el hombre inventó la civilización y formó el sis- tema mundano, que el hombre fue usurpado y ganado por haSatán mediante el mundo. Por consiguiente, el hombre dejó de pertenecer a Elohim. La diferencia que hay entre el pecado y el mundo Inmediatamente después de nuestra consagración, lo primero que debemos hacer es tomar las medidas res- pectivas en relación con nuestros pecados y luego, de- bemos separarnos del mundo. Puesto que ambos contaminan nuestras vidas y son abominables para Elohim, ambos deben ser eliminados y purgados. Sin embargo, la contaminación producida por cada uno de estos aspectos es diferente. La conta- minación del pecado es feroz, grotesca y repugnante, mientras que la contaminación del mundo es más civili- zada y refinada, frecuentemente hermosa a los ojos de los hombres. Además, el daño que causan el pecado y el mundo en el hombre difieren enormemente: el pecado contamina al hombre, mientras que el mundo no sólo lo contami- na, sino que también lo posee. Es mucho más grave ser poseído por el mundo que ser contaminado por el pe- cado. Por un lado, haSatán corrompe al hombre utili- 17 Si bien Avraham mintió repetidas veces al afirmar que su esposa era su hermana, este fracaso no era sino un pecado que simplemente lo contaminaba pero que no lo usurpaba. Así, él aún podía ser uno que servía al Adón y que oraba por otros en tierra pagana (véase