Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 99
misma marca de perfume que le regalaba cada año
para las fiestas.
Pocos minutos antes de las diez de esa noche, mi
hermano y papá abandonaron el pequeño shopping en
Minnesota rumbo a casa. A las 11:50 ingresaron en el
campo. Mi padre, comportándose como un chico de
escuela, se escabulló hacia un costado de la casa y se
ocultó.
-Mamá, fui a ver a papá hoy y me dijo que te trajera
la ropa, dijo mi hermano y le entregó los bolsos a
mamá.
-Oh –dijo ella bajito y con tristeza-, lo extraño tanto,
que me pondría a lavar esto ahora.
Entonces, mi padre dijo, saliendo de su escondite:
-No tendrás tiempo de hacerlo esta noche.
Mi hermano llamó para contarme esta escena
conmovedora entre nuestros padres, estos dos amigos
y amantes y más tarde llamé yo a mamá: -¡Feliz
Navidad, mamá!
-Oh, ustedes, chicos... –dijo con la voz entrecortada
por las lágrimas. No pude seguir. Mis invitados
aplaudían.
Pese a estar a tres mil kilómetros de ellos, fue una de
las Navidades más especiales que compartí con mis
padres. Y, por supuesto, hasta ahora, mis padres nunca
han estado separados en Nochebuena. Ésa es la fuerza
de hijos que aman y honran a sus padres y,