Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Página 97

no son sus dones y logros exteriores los que me recuerdan a mis padres. La gente siempre me dice que mi hija tiene una gran calidez, espiritualidad, un fuego interior especial que irradia hacia el exterior. La esencia de mis padres está personificada en su nieta. Las recompensas por su abnegación y por amar a sus hijos tuvieron asimismo un efecto enriquecedor en las propias vidas de mis padres. Mientras escribo esto, mi padre está en la clínica Mayo de Rochester, Minnesota, haciéndose una batería de análisis que llevarán como mínimo entre seis y ocho días. Estamos en diciembre. Como el invierno es muy duro, tomó una habitación en un hotel cerca de la clínica (es paciente externo). Debido a sus obligaciones en casa, mi madre pudo quedarse con él sólo los primeros días. De modo que pasaban Nochebuena separados. Esa noche llamé primero a papá en Rochester para desearle feliz Navidad. Lo oí deprimido y abatido. Entonces, llamé a mi madre en Iowa. Estaba triste y taciturna. “Es la primera vez que tu padre y yo pasamos las fiestas separados –se lamentó-. No es una verdadera Navidad sin él.” Yo tenía catorce invitados para cenar, todos dispuestos a pasar una noche de fiesta. Volví a cocinar, pero no podía sacarme de la cab eza el dilema de mis padres y entonces llamé a mi hermana mayor. Ella se comunicó con mis hermanos. Hicimos una cumbre telefónica. Quedó todo arreglado. Convencidos de que