Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 91

Crecí en una lindísima estancia en Iowa, criado por padres que a menudo se describen como “la sal de la tierra y la columna vertebral de la comunidad”. Tenían todas las cualidades de los buenos padres: cariñosos, comprometidos con la tarea de criar a sus hijos con muchas expectativas y un sentido positivo de autoestima. De nosotros, esperaban que hiciéramos tareas a la mañana y a la noche, que llegáramos al colegio a tiempo, que nos sacáramos buenas notas y fuéramos buenas personas. Tuvieron seis hijos. ¡Seis hijos! No fue idea mía que fuéramos tantos, pero nadie me consultó. Para colmo de males, el destino me tiró en el corazón de los Estados Unidos, con un clima desapacible y frío. Como todos los chicos, pensé que había habido un gran error universal y que había caído en la familia equivocada, y con mayor razón en el lugar equivocado. No me gustaba enfrentar los elementos. Los inviernos en Iowa son tan fríos que hay que hacer rondas en mitad de la noche para verificar que los animales no estén varados en un lugar en que puedan congelarse. A los animales recién nacidos había que llevarlos al establo y a veces darles calor para que siguieran vivos. ¡Así de fríos son los inviernos en Iowa! Papá, un hombre increíblemente apuesto, fuerte, carismático y lleno de energía estaba siempre en movimiento. Mis hermanos y yo lo admirábamos y