Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 85
“¿Por qué no elegirá algún lugar más protegido del
viento?” pensé, y supuse que estaba tan loca que
carecía de la lógica de acurrucarse en un portal.
Acerqué mi auto brillante al cordón, bajé la
ventanilla y dije, “Madre, quiere...” y me quedé helado
con la palabra... “Madre”. Pero ella lo era... lo es... de
una manera que no llego a captar.
Dije otra vez: “Madre, le traje comida. ¿Quiere un
poco de pavo relleno y pastel de manzana?”
Al oír esto, la anciana me miró y dijo con toda
claridad, pese a los dos dientes flojos que se movían
mientras hablaba: “Oh, muchas gracias, pero ahora
estoy satisfecha. ¿Por qué no se lo lleva a alguien que
lo necesite?”. Sus palabras eran claras, sus modales
graciosos. Entonces, me despidió: su cabeza volvió a
hundirse entre los harapos.
Bobbie Probstein