Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 84

Virginia Satir La mendiga Dormía en la Oficina de Correos. Yo la olfateaba antes de dar el rodeo delante de la entrada donde ella dormía, parada, junto a los teléfonos públicos. Olía la orina que se filtraba a través de las capas de su ropa sucia y la putrefacción de su boca casi desdentada. Si no dormía, farfullaba incoherencias. Ahora, cierran la oficina de correos a las seis para dejar afuera a los sin techo, de modo que se acurruca en la vereda y habla sola, abriendo la boca como si la tuviera desencajada y la suave brisa disminuye sus olores. Un día de Acción de Gracias había sobrado mucha comida, la envolví, me disculpé con los demás y fui hasta la Calle Quinta, donde se encuentra la Oficina de Correos. Era una noche helada. Las hojas se arremolinaban en las calles, en las que no había casi nadie afuera, excepto los más infortunados que buscaban alguna casa o refugio cálido. Pero sabía que la encontraría. Estaba vestida como siempre, aun en verano: con las capas calientes de lana que ocultaban su cuerpo viejo y vencido. Sus manos sostenían con fuerza el valioso carrito de compras. Estaba apoyada contra un cerco de alambre del campo de juego que está junto al Correo.