Canfield Jack - Chocolate Caliente Para El Alma Jun. 2016 | Page 55

Ese domingo a la tarde dirigí el seminario al que asistían Amy y sus padres. El público desbordaba con más de mil asistentes ansiosos por aprender, crecer y ser más plenamente humanos. Con humildad, les pregunté si querían aprender un proceso de sanación que podía servirles para la vida. Desde el estrado, parecía que en el aire se alzaban las manos de todos los presentes. Querían aprender. Les enseñé a frotarse con fuerza las manos, separarlas unos cinco centímetros y sentir la energía sanadora. Después, los hice formar parejas para sentir la energía sanadora qu e sale de una persona a otra. Dije: “Si necesitas una cura, acéptala aquí y ahora”. El público estaba unido y se vivió una sensación de éxtasis. Expliqué que todos tenemos energía sanadora y potencial sanador. En un cinco por ciento de nosotros, brota con tanto impulso de nuestras manos que podemos transformarlo en nuestra profesión. -Esta mañana –expresé-, me presentaron a Amy Graham, una chica de diecisiete años cuyo último deseo era estar en este seminario. Quiero traerla hasta aquí y que todos ustedes le envíen una energía de vida sanadora. Tal vez podamos hacer algo. Ella no lo pidió. Lo hago espontáneamente porque considero que es bueno. El público entonó: “¡Sí, sí, sí!” El padre de Amy la acercó hasta el estrado. Se veía debilitada por la quimioterapia, demasiado reposo en